Una cena original

Fuimos a cenar en grupo a este restaurante y nos sorprendió desde el primer momento. El local es muy original, montado en el primer piso de un edificio del siglo XVIII; decorado mezclando lo clásico del edificio con toques modernos como cuadros de animales en colores fosforitos...

Al estar adaptado a la planta de una antigua casa, las mesas están demasiado cerca unas de otras, por lo que si el local está lleno no va a haber prácticamente intimidad.

Para cenar tomamos unas crepes saladas y, de postre, crepes dulces.
Mi elección salada fue una crep hortelana, con bechamel, ajetes, espárragos trigueros, setas y mozarella; la presentación fue realmente pobre (la crep doblada y puesta encima del plato sin ninguna gracia) y el sabor era aceptable, aunque me dejó más bien indiferente.

De postre tomé una crep Compostela con chocolate blanco, plátano, helado de chocolate y nueces caramelizadas. Ésta venía presentada mucho mejor que la salada y el sabor también me dejó más satisfecho.

En definitiva, la comida no es excepcional pero sí aceptable y compensa, en parte, con su originalidad. Además, el precio es asequible, así que no se les puede reprochar mucho más...

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