Restaurante La Nueva Karambola

Datos de La Nueva Karambola
Precio Medio:
52 €
Valoración Media:
6.8 10
Servicio del vino:
5.7 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
7.5 10
Calidad-precio:
6.3 10
Fotos:
0
 
País: España
Provincia: Zaragoza
Localidad: Zaragoza
Dirección: C/ Baltasar Gracián, 3.
Código postal: 50005
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 50,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


3 Opiniones de La Nueva Karambola

O por lo menos no del todo acertadas.

Poco más que añadir a la descripción del restaurante, y que a pesar de llevar unos cuantos años abierto, y varios cambios de dirección, ha variado mas bien poco, o nada. Sigue siendo adecuada, decoración cálida, con mesas amplias y bien distanciadas, sillones cómodos, poco más se le puede pedir. El servicio fue atento, también fuimos los únicos de la sala -aparte del reservado que sí estaba ocupado-, mala pinta que esto ocurra en un viernes noche, aun siendo en época postvacacional.

Servicio del vino más bien discreto en cantidad, correcto en precio, y buena en servicio. Pedimos un Anayón barrica (16), y un par de copas sueltas, una de fino (Papirusa) al llegar y una de tinto para terminar la comida (un flojísimo Torres Celeste) cobrado globalemente por 5,5 €

De la carta, casi idéntica a la del anterior restaurante en el que trabajaba el cocinero, con algunas variaciones, aunque en lo fundamental, se mantiene pero con precios ligeramente más comedidos. Como no podía ser de otra forma, empezamos con las sensacionales colitas con cigala con gabardina (12€), sensacionales, aunque en este caso en el rebozado era diferente. Seguimos como entrantes con el pulpo a la parrilla, también excelente, y con un sabor especialmente marcado de leña / carbón vegetal (16€). Los segundos también los compartimos, por un lado unos correctitos txipirones en su tinta (22€), pero quizás tampoco daba mucho margen, y ya los pillé con un poco de desgana. Y para terminar un solomillo empanado (22€) que no sé donde ni quien me había recomendado, y que aun estando bueno, tampoco me entusiasmó -además de estar mal limpiado de algún nervio o tendón-, al final el conjunto se queda en un correcto alto, o bueno bajo, como digo posiblemente hubo más culpa en las elecciones que otra cosa.

Total, con cafés, servicio de pan, un agua y un pacharán, la cena se fue a los 106€ (todos los precios con IVA), si bien puede parecer caro para la satsifacción general, en realidad es bastante pagable si lo comparamos con otros restaurantes de su estilo. Otra oportunidad la tiene asegurada.

Local bien descrito anteriormente; personalmente me resultó confortable (suelos de tarima y silloncitos de mimbre), decoración muy sencilla pero rozando en lo elegante, espacioso y con iluminación correcta. Me sentaron junto a una cristalera que me separaba de un vistoso jardincito interior. Atención muy correcta y encantadora por parte del joven chef que me tomó nota (Javier Milán), pero no tanto por parte de las dos camareras, más bien distantes. No entiendo como cenando solo no estaban ni atentas a rellenar el vaso de agua o la copa de vino.

Carta de mercado muy sencilla, basada en buenas materias primas, respetadas durante la elaboración de los platos. Sabrosos entrantes y variedad de pescados frescos, más corta en carnes.

Panecillos individuales de un solo tipo aceptables.

Cena para una persona:

- Aperitivo de la casa: Un gazpacho fresquito con buen sabor a tomate.

- 1/2 ración de anchoas de Santoña en aceite de oliva: Me presentaron 7 anchoas no especialmente grandes, pero con los lomos bien limpitos, de textura firme y excelente punto de sal. Muy buenas.

- 1/2 de pulpo a Feira: Buen brazo de pulpo, pasado previamente por la parrilla y luego troceado y presentado "a la gallega". Tierno y con la sal y el pimentón sin pasarse.

- Txuletón de vaca (40€ kilo): Buena pieza de la parte alta del lomo (unos 3/4 de kilo). Muy bien hecha por fuera y crudita por dentro, como se lo pedí. Me lo presentaron fileteado y con una fuentecita de patatas fritas con cebolla dulce muy ricas. Muy tierna y sabrosa (me comentó que el origen de la carne es Alemania).

- Postres: Me tuve que conformar con un agradable sorbete de limón al cava. Me apetecía pantxineta, pero la camarera me comentó que se lo suministraba una pastelería (como la mitad de los postres) y que luego se recalentaba. Tampoco tuve suerte con el arroz con leche que se les había acabado.

Carta de vinos no especialmente amplia y centrada especialmente en Ribera del Duero y La Rioja, pero con buenas selecciones. Me llamó la atención la oferta que tenía en algunos de ellos, como Remírez de Ganuza a 32€. Desafortunadamente lo tenían agotado. Al final pedí Borsao Tres Picos 2010 (20€ inc. IVA) servido bien de temperatura y en copas aceptables (sin marca visible). No están atentos a rellenar.

En la sobremesa me ofrecieron una invitación a chupito.

Precio total: 72.50 (incluido IVA, 2 panecillos a 1.50€ cada uno, 1 botella de agua de 1 litro a 3€).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría comer en este local con IVA y sin bebidas.

Buen local, sólido, consistente, de decoración moderna y minimalista, a base de colores sobrios y madera. Tiene un reservado fabuloso, como un amplio cubículo blanco con capacidad para +/- 15 personas, que dispone de acceso y baño propio. Nos acomodaron en él. Una gozada.

Perfectamente equipado: mantelería, vajilla, cristalería y demás, de nivel.

Mano sabia en cocina, que imprime a los platos sencillez y precisión, obteniendo siempre el punto perfecto para degustar plena y desnudamente el sabor de las excelentes materias primas que maneja, procedentes en su mayoría de los mercados de la zona de Orio.

---> Entrantes:
• Pulpo a feira
• Pimientos del piquillo con su salsa
• Croquetas de morcilla pintadas con crema de alubias
• Kokotxas de merluza rebozadas

---> Principales:
• Besugo a la Parrilla
• Sapito de Costa a la Parrilla

---> Postre:
• Queso Idiazábal con membrillo

Tal como anunciaba cuando definía su cocina, todo estaba delicioso. Ni una virguería. Y ni un pero.

Nos dieron lo que esperábamos, que no era otra cosa que excelente materia prima muy bien tratada: el pulpo, con un toque final braseado que le daba un puntillo delicioso; los pimientos, carnosos y sabrosos; la croqueta, en forma de albóndiga achatada, sabía a lo que contenía, a morcilla de Burgos, y llevaba como un botón de crema de alubias negras que le otorgaba un aire muy de cocido norteño; las kokotxas, con ese rebozado fino que las hacían más jugosas si cabe y absorbiendo algo de la grasilla; el besugo, estupendo, aunque superado por el sapito (rape de ración) que estaba inconmensurable.

Aunque yo no lo pedí, sí quise probar del plato de otro comensal, por su originalidad, algo muy curioso que, pese a su simplicidad, muy en la línea comentada de cocina, merece capítulo aparte: el solomillo empanado. Cuando salió a saludarnos, el cocinero y propietario nos contó que lo inventó un día cuando un cliente habitual del anterior restaurante donde trabajaba, viajante, cansado de comilonas, le pidió algo normal, natural… Le comentó que en cocina se estaban preparando para ellos las puntas sobrantes de los solomillos, las que cortan para su mejor presencia antes de servirlos, rebozadas, que si le apetecía… Y así surgió. Parece una tontería, pero yo nunca lo había probado ni visto, y estaba realmente bueno. En este caso no era la punta, era un señor solomillo.

Carta de vinos clásica y correcta, igual que su trato. Tomamos un cava con los aperitivos, Agustí Torelló, y un tintazo, Emilio Moro, con los segundos.

El servicio, perfecto, comandado por la propietaria.

En definitiva, cuando me apetezca comer alguna buena carne o pescadito del Cantábrico en Zaragoza, ya sé dónde ir.

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