Local al que cuesta llegar (parece que está al final del mundo en un taxi

Local al que cuesta llegar (parece que está al final del mundo en un taxi :-) pero que luego recompensa con un entorno muy agradable. Carta de vinos bastante completa, especialmente en las referencias internacionales pero echo a faltar más vinos españoles fuera de Rioja y Ribera. Probamos un Trimbach C. Frederic Emile 97 (47 euros) y un Roda II 1999 (28 euros). Buena cristalería y servicio del vino. En cuanto a la cocina, pedimos el largo menú degustación. Junto a platos muy bien resueltos hay algunos con algún resbalón como un arroz negro que sale algo salado y un lenguado salseado con alcachofa que crea controversia. Como dice Andreu, a todos los platos les falta un punto de genialidad. Raciones más bien pequeñas. Esperaba una cocina con más protagonismo de la materia prima. La experiencia global es muy grata pero es lo exigible con su elevado nivel de precios.

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