Restaurante Fabrica Moritz: Diseño, marketing... y un gran lugar para comer


La Fábrica Moritz es un lugar que, aunque no ha cumplido aun 8 añitos, ya forma parte de los imprescindibles de Barcelona, ya sea para probar sus muchas especialidades de cerveza fresca o bien para degustar sus más de 80 opciones de la amplísima carta. Comentar que sólo se puede reservar para grupos de más de 10 personas, de manera que (ante la dificultad de conseguir un harén...) me dispuse a hacer cola con mi novia. 

Una amable camarera/personal de sala nos dijo que si teníamos prisa podríamos tener un sitio con sillas altas, pero como vale la pena ponerse cómodo para el sábado noche decidimos esperar un poquito y la verdad es que no tardó más de 15 minutos en situarnos en una amplia mesa para 4. El local es enorme con un diseño del arquitecto Jean Nouvel que no deja indiferente. Quizá no sea el lugar más cómodo y/o íntimo (espacios grandes, ruidos, mesas metálicas...) pero la verdad es que vale mucho la pena dejarse caer ni que sea para admirarlo (y bajar a la planta sótano para ver los alambiques en los que se elabora la cerveza fresca que sirven). Ahora mismo hay 7 variedades (todas sin pasteurizar) más la Radler sin alcohol. Probamos la original y la 7 (de algo más cuerpo) a 2,60 eur la "caña" de 25 cl. Quizá los precios de las cervezas sean un poquito altos (estas eran las más económicas) para mi gusto pero comentar que son de mucha calidad.

De comer, como he dicho, la carta es amplísima, con el asesoramiento del estrellado Jordi Vilà. Para empezar un par de croquetas de jamón ibérico a 2,10 eur la unidad. Buen tamaño, buenísima la bechamel, nada aceitosas... quizá lo más perfecto técnicamente que probamos. Los otros platos vinieron bastante rápidos (buen servicio). Unas patatas Pfaffenhofen (3,95 eur), hechas al horno con crema de leche, bacon, queso fundido y pimienta negra y servidas en una incandescente caldereta de hierro forjado, también estuvieron a un nivel muy alto. Sabrosas y bien cocidas, duraron muy poquito. Comentar que, en homenaje a Louis Moritz, hay bastantes platos basados en la gastronomía alsaciana. Uno de ellos es su famosa Flammkuchen, quizá su plato más emblemático. Es una especie de pizza de forma rectangular en la que los ingredientes básicos son la crema de leche agria, el bacon y la cebolla. Nosotros escogimos una que además llevaba capas del contundente queso Munster... una bomba de sabor y calorías que se cotiza a 8,85 eur muy bien pagados.

Para acabar una salchicha tipo Frankurt: Fleischwust con queso Cheddar y crujiente de cebolla y pepinillos, servida en un panecillo entre Viena y brioix en forma de media luna de enormes dimensiones (la pareja de la mesa contigua le echó una mirada casi morbosofálica al plato), ideal para compartir. No fue lo que más me gustó aunque se notaba de calidad. La salchicha estaba cortada a rodajas encima del queso y con la cebolla encima hacía un buen bocadillo.

Para acompañar los postres pedimos la cerveza con gusto de castaña (4,90 eur los 33 cl). Muy rica, entre tostada y negra y con un regusto final que no sabría decir si me recuerda al fruto seco pero que era bastante interesante. Con ella acompañamos los postres. Uno de ellos fue un sorbete de limón artesano con crumble de no sé qué por encima (4,50 eur) con una presentación muy lograda (ver foto) y buen sabor (aunque quizá demasiado ácido). El otro fue aun mejor: pastel de zanahoria a la cerveza negra (6 eur). En realidad parecía más un brownie (por el color y un cierto sabor a chocolate) coronado por la capa de nata/mantequilla. Estaba riquísimo, para qué negarlo, y obvio que no es algo muy sano pero de vez en cuando... Raciones más que abundantes por cierto.

En resumen, gran cena por poco más de 20 euros por persona y doy fe que no nos quedamos con hambre. Es un sitio al que vale la pena volver y volver ya que con su amplísima carta siempre encontrarás algo nuevo. Buen servicio, cerveza de nivel, fantástica comida, local de diseño... El único punto negativo (no de la cena) fue la desaparición del fantástico Bar à vins que cerró hace unos años. Una pena la verdad...

  • Pastel de zanahoria a la cerveza negra

  • Sorbete artesano de limón

  • Croquetas y cerveza sin pasteurizar

  • Patatas Pfaffenhofen

  • Flammkuchen

  • Fleischwust con queso Cheddar y crujiente de cebolla

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