Cocina fusión en El Carmen de buen rollo

Algo desconectados de lo que se cuece en El Carmen y con buenas referencias sobre este local nos plantamos de imprevisto a probar qué tal lo hacen en La Comisaría. Decidimos cenar en la terraza del local, la iluminación no es muy buena y a veces cuesta ver qué comes, pero siempre se agradece disfrutar de un poco del aire fresco en las noches de verano, un lujo que ni siquiera todas las ciudades españolas se pueden permitir.

Cocina de fusión con evidente influencia asiática y sudamericana, resuelta con mayor o menor fortuna dependiendo del plato. Amable y diligente la chica que nos atendió que nos guió perfectamente por la carta, tampoco es que haya muchas novedades pero está bien esta pequeña presentación para el que está menos puesto en esta cocina fusión tan de moda últimamente.

Tomamos los rollitos de queso de cabra que van sobre una ensalada de hojas anchas variadas, correcto sin más. El sau mai de La Comisaría, un dim sum con gambas, verduras y algas bastante bueno, sencillo, nada nuevo bajo el sol, pero buen sabor.
El ceviche de langostino se queda muy flojo, muy "popular", está bueno, pero le falta el puch del ají, algo de vinagre, de contundencia. Este plato tiene que se fresco y con carácter, y este adolece de querer contentar a todo el público, perdiendo la originalidad de este plato peruano que tanto me gusta.
Los huevos rotos con jamón tienen una presentación poco atractiva, lo que ya hace que te enfrentes al plato en un estado alerta. El jamón casi hay que sacarlo, cortarlo en un plato y luego volver a montarlo todo. Las cortadas eran gruesas y al estar muy curado pasamos más tiempo preparándolo que comiéndolo. Yemas demasiado cuajadas para mi gusto en un plato que no me hizo gracia y que no pude/supe disfrutar.
El tataki de ternera fue el mejor plato de la noche, y eso que estoy un harto ya del mango por todas partes, pero aquí se traban bien, se equilibran los sabores y el resultado es bueno.
Sólo tiene un postre, una especie de helado de fresa que apenas probé, no soy muy de dulces, éramos cuatro y tampoco era una ración muy grande, así que lo dejé correr para que el resto lo disfrutara.

La carta de vinos es sencilla, tampoco creo que sea el objetivo del local el tener una gran gama de vinos, alguna referencia interesante. Servicio más atento y agradable que profesional, pero para una cena informal yo no pido más. Ese buen rollo que se respira es exactamente lo que andábamos buscando, sólo faltó que la cocina tuviera un poco más de magia, algo más de emoción. De todos modos, esta cocina de fusión con tintes asiáticos con pinceladas de latinoamericanas está muy manido, por lo que es difícil descubrir cosas nuevas y tal vez sólo tengamos que conformarnos con una buena ejecución. Es posible que no fuera con el chip adecuado.

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