Restaurante Cueva del Tío Serafín

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Datos de Cueva del Tío Serafín
Precio Medio:
33 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
7.0 10
Entorno:
10.0 10
Calidad-precio:
8.5 10
Fotos:
0
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 33,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Lunes

Teléfono


1 Opiniones de Cueva del Tío Serafín

Restaurante muy bueno en global.

Ubicado en una cueva de roca de las de verdad (de hecho tienen plásticos en algunas zonas del techo para evitar que caigan gotas a los comensales). Situado muy cerca del Auditorio de Cuenca, junto al río Huécar. No tiene pérdida aunque, eso sí, hay que subir por una escalera en varios tramos.

Es un restaurante que desde la entrada ya percibes una climatización natural especial (sin necesidad de aparatos de aire ni de calefacción). El alto nivel de humedad que hay dentro es el protagonista (está en una cueva), ésta rondará el 75-90%, eso sí, a una temperatura ideal para conservar el vino tinto: 15-18º. No hace frío porque al ser tan alta la humedad, la sensación térmica rondará los 19-20º aunque, eso sí, si se es sensible al frío sería recomendable una chaquetita durante la velada pues calor es raro que se vaya a tener.

No existen cavas de vinos salvo neveras para blancos y bebidas frias. No es necesario y los vinos están a la temperatura ambiente del local. Tampoco será nunca necesario una cubitera para el tinto ni ningún sistema de mantenimiento de la temperatura para el blanco pues, incluso servido frío, salvo que se tarde demasiado en tomar, no va a dar tiempo a que suba la temperatura de éste último. Este lugar sí hace honor al dicho de: "El tinto debe tomarse a temperatura ambiente". Ese dicho está trasnochado en el 95% de los pisos, apartamentos, casas, locales, restaurantes,... menos aquí que, como cueva que es, tiene la temperatura ideal para conservar, envejecer y degustar vinos sea la época del año que sea.

Desde la entrada ves que es muy tranquilo, con una mezcla de ambiente tradicional y, a la vez, moderno y de autor dentro de lo que es estar en una cueva, claro. Música de fondo de baladas, muy bien elegida e ideal para parejas o grupos de 2 parejas. También es lugar de cenas de varios amigos/amigas pero nunca en grupos muy numerosos ni escandalosos (no es sitio de cenas de gimnasio ni de estudios). Es un restaurante para enamorar y para tener una velada de ensueño, de paz y tranquilidad y no para juergas.

La maître/sumiller que nos atendió muy simpática, con voz suave (allí no hay gritos ni estridencias), nos acomodó en la mesa que quisimos (habían sólo 2-3 meses ocupadas). Como es una cueva, hay varios niveles y zonas de mesas (las que la cueva deja). Conté 4 zonas de mesas con distintos niveles de altura/situación/iluminación. Yo quise una al lado de la misma roca pero con una luz razonable.

Me encantaba el ambiente sin siquiera haber tomado nada.

La vajilla y la cubertería de muy buena calidad, las copas también.

Nos tomó nota la maître. Nos dio la carta y pedí la carta de vinos. La carta no era muy larga pero sí variada y de calidad. La carta de vinos era de tamaño medio sin ser nada larga ni demasiado variada, 35 vinos en total, casi todos tintos: 11 manchegos, 14 Riojas, 5 Riberas del Duero y sólo 5 vinos blancos (uno de cádiz, 2 Rioja y 2 Penedés, uno de estos últimos de aguja).

Elegimos un Finca La Estacada 6 meses en barrica. Vino muy rico, muy frutal, muy del terruño manchego, bastante mineral con aromas a madera de calidad en su justa medida y una entrada, paso por boca y postgusto fantástico. Un vino de excelente RCP.

El menú que tomamos fue de 4 entradas a compartir pues queríamos probar el sitio en nuestra última noche en Cuenca, pero no queríamos cenar mucho (estábamos saturados ya de comidas/cenas fuera de casa). Todo exquisito, recomiendo las habitas baby con jamón ibérico, deliciosas así como los pimientos del piquillo salteados con gambas, espectaculares pimientos. También pedimos almejas a la marinera y queso manchego (éste último de muy buena calidad aunque algo escaso en cantidad). Creo que casi cualquier cosa que se pida va a ser casi seguro de gran calidad y fantástico sabor. No pedimos esta vez casi nada típico de Cuenca (salvo el queso manchego).

La presentación cuidada y la comida sencilla pero, a la vez, muy bien elaborada. Las cantidades son medias sin pasarse, es decir, las raciones no son muy generosas, pero la calidad es bastante grande.

Como ya he comentado, íbamos casi de vuelta de un viaje de una semana, hartos ya de comer comida manchega y con demasiadas comilonas encima, no tomamos postres aunque sí infusión al final.

La cuenta final fue de 65.59 euros que redondeamos a 66 euros la pareja, es decir, 33 euros/persona.

Remarco que el precio nuestro fue engañoso pues la comida fue a "medio gas". En una comida en condiciones, cambiando de las 4 entradas 1 ó 2 por platos principales de carne/pescado y añadiendo postres la cuenta final habría subido:

- Quitando dos entradas y añadiendo dos platos principales y postres, dependiendo de qué se pida, habría subido una media de 20 euros, es decir, saldríamos a unos 85-86 euros, es decir, 43 por comensal.

- Quitando sólo una entrada de las que tomamos y añadiendo dos platos principales y postres (comida más en condiciones aún con 3 entradas, plato principal, vino, postre y café), la cuenta habría subido unos 30-33 euros, yéndose ya a 96-99 euros, es decir, casi 50 euros por comensal.

El precio de este restaurante, yendo en pareja, difícilmente bajaría de 28 euros/comensal (comiendo de dieta, es decir, quitando hasta el vino cambiándolo por agua), por tanto la horquilla de precio oscila entre 33-50 euros/comensal con un precio medio de 40-45 euros para poder salir bien comido/cenado (con vino incluído).

A pesar de todo este rollo sobre el precio, EMHO, no me parece nada caro para la calidad del servicio global, la comida, los vinos (estupenda conservación de los mismos de manera natural y servicio del vino con buenas copas) y, sobre todo, el entorno inigualable (difícilmente podrá encontrarse un restaurante así dentro de una cueva totalmente natural), la tranquilidad, la paz y el romanticismo que destila.

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