Comimos en la parte de arriba, en la mesa pegada a la escalera, amplia, bien vestida, con buena separación con las otras dos de la misma estancia.

La carta de vinos es muy amplia, hay interés por el tema, sobre todo por la mujer que nos atendió: le pregunté por un espumoso rosado gallego que tenía en la carta, pero me dijo que las últimas añadas no le habían gustado y lo había quitado de la carta: me recomendó un espumoso diferente, de Andalucía, Barranco Oscuro, un espumoso artesanal ecológico, de la Alpujarra, con 18 meses de crianza: a mí me encantó, muy diferente de los tradicionales espumosos afrutados y refrescantes, recomiendo probarlo. También bebimos una 1906 y una caña.

De entrantes comimos un pastel de centolla que sirven con pan crujiente: delicado y suave, un entrante que nos gustó mucho, y unos espectaculares berberechos a la brasa, de un tamaño Top.

De segundos comimos merluza de Celeiro, producto sin artificios, y una lamprea a la bordelesa que sirven en barro, acompañada de arroz, muy buena pero un plato que te tiene que gustar.

Compartimos una buena torrija de Brioge.

La atención muy buena toda la comida, a destacar el interés por el vino. Tomamos en la terraza acristalada un Gintonic y un café, con un habano.

De los que apetece repetir.

DO Rias Baixas Francés
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