Una joven pareja dirije este restaurante que esta ubicado en una torrecita en lo debería ser la zona residencial de este pueblecito en los años 70, lo hacen con esmero y profesionalidad. Servicio atento y cercano
Ofrecen un menú que consta de 10 o 12 primeros y otros 10 o 12 segundos, todos los platos son atractivos sobre el papel, ya en la mesa no defraudan y cumplen las espectativas que nos habíamos marcado.
De aperitivo unas tostaditas con tataki de atun, los primeros fueron pescadito frito (boquerones, gambas y calamares) sobre huevo poché y zamburiñas gratinadas, de segundo un mil hojas de ternera con queso idiazabal y chuletón de cerdo ibérico con salsa de queso. El postre unas trufas de chocolate blanco con bailys y lacasitos y un browni de chocolate.
El vino que incluye el menú, un Penedés tinto más que correcto, los cafés incluidos en el precio del menú.
Resumiendo, un pequeño restaurante con una muy buenda RCP donde te sientes bien atendido,no defrauda
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