Gracias Wyllys

Tras leer la opinión de Wyllys, acudí junto a mi pareja a este restaurante con una cierta cautela. Muchas veces habíamos pasado por su escaparate y el gran número de guiris apiñados en las mesas de la entrada nos desanimó de entrar. Pero, claro, una valoración positiva de un usuario de Verema debe ser tenida en cuenta, y olvidando viejos temores, nos acercamos a uno de los camareros y preguntamos si tenían una mesa libre para 2 personas.
No las teníamos todas con nosotros porque siendo martes noche (semana de pascua), todas las mesas a la vista estaban completas y, cómo no, de guiris.
En breve nos atendió una encantadora responsable del servicio que nos acompañó a un comedor interior, con pocas mesas, muy espacioso, con una decoración minimalista con motivos vinícolas, donde se respiraba sosiego y tranquilidad. Enseguida comprendimos que el sitio prometía más de lo que su entrada dejaba entrever.
Con una organización muy estudiada, empezaron a pasar sincronizadamente por la mesa diferentes camareros. Uno nos trajo 3 cartas, la del restaurante, la de tapas y la de las especialidades; nos centramos en esta última.
Pedimos una ración de de croquetas de boletus para compartir (fantástica), y luego un solomillo de cebón (grueso, sabroso) y un entrecote también de cebón (muy bien presentado, estupendo). Con el vino de la casa que habíamos solicitado (Alkorta crianza) nos trajeron un aperitivo de aceitunas verdes en aceite con un punto picante (ricas, ricas) y, oh cielos, 2 croquetas de boletus, que ya nos avanzó el acierto de lo que vendría a continuación. De postre compartimos unos profitelores con chocolate caliente (ordinarios, nada que ver con todo lo anterior). Le añadimos un poleo menta y un café solo, y nos salió la cena por 70€ en total.
Nuestra satisfacción fue tan alta que la próxima vez que volvamos por Puerto del Carmen repetiremos sin duda alguna.

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