Restaurante ubicado en el Oceander, antiguo barco fluvial construido en Alemania y dormido los últimos años en el puerto de Vigo, ahora con nuevos propietarios (Gourmet Catering Paradís Valencia) y amarrado en la dársena frontal del puerto. Dispone de comedor en cubierta y terrazas con diversos espacios multifuncionales y una zona de relax, donde poder tomar una copa y otros 2 comedores interiores.
Además de carta, sirven menús entre semana a mesa completa, consistentes en 3 entrantes individuales, un arroz y postre a elegir, a un precio razonable (29 €)
Esta noche de sábado cenamos 4 personas en el comedor interior, con una decoración sobria, pero acogedora, y una mantelería, vajilla y cristalería correctas.
Comenzamos con un Martini rojo (5,4€) y cerveza artesanal La Socarrada (75 cl.) de Játiva. Aún no la había probado, pese a llevar ya en el mercado más de un año. Elaborada sin aditivos, con romero y miel de romero. De color ámbar, traslúcida y con una espuma compacta. Se nota el aroma a romero y tiene poca acidez, más bien un poco dulce al inicio, hasta notar otra vez el romero. En fin, una cerveza distinta. (17 €)
Carta con abundantes entrantes y ensaladas, pero más ajustada en platos principales. Finalmente nos decantamos por los pescados.
Aperitivo consistente en sopa de tomate con hinojo servida en vasito de cristal, con una pizca de acidez elevada y unos grisines de acompañamiento
Los entrantes elegidos fueron:
- Tataki de atún de almadraba con salmorejo, crujiente de jamón y rúcula. Servido a temperatura correcta. Bien marcado el atún y buena la combinación de sabor y temperaturas con el salmorejo.
- 2 Ensaladas de frambuesas, arándanos y membrillo, con varios tipos de lechugas y vinagreta de pasas y piñones. Acertada mezcla de sabores dulces y ácidos y sobre todo saludable.
- Croquetas variadas y distintas cada una. Creo recordar que de jamón, de erizo de mar, de boletus, de pollo y de ¿queso? Bien por la diferenciación. Crujientes, pero sólo correctas.
Los pescados, todos de calidad y con cocción correcta, fueron:
- Rodaballo con puré de patata al azafrán, sofrito clásico de “iaia” y tallarines de bachoqueta.
- 2 Bacalaos con crema de purrusalda al aroma de jamón con zanahoria en textura y trigueros.
- Tournedó de rape en salsa all i pebre y gamba de playa con tosta de aceituna negra.
Y, por último, los postres:
- 2 Helados de yogur griego con frutas silvestres y sopa de maracuyá. Excelente remate este gran postre.
- 2 Milhojas de crema a la vainilla con helado de horchata y crujiente de fartón. Muy en la línea actual de guiños valencianos
Algún pero tenía que haber: los panes servidos en la cena. Cesta con panes variados, si, pero con una cocción incorrecta. Tal vez fuera un caso aislado, pero hay que cuidar estos detalles, sobre todo cuando se cobra este servicio.
Carta de vinos acorde con la oferta de platos, pero un tanto clásica. La inclusión de jóvenes marcas le daría un aire más abierto (no necesariamente más caro) y ayudaría a la introducción de nuevos vinos. Elegimos Martín Codax Organistrum, limpio y elegante 100% albariño con barrica, muy rico en matices, (2 botellas 50€) y agua (3€).
Tras los cafés, tomamos 3 Gin tonics de Martin Miller con Fever Tree y una tónica Fever Tree para la conductora (40€).
Total de la cena 262€. Un precio muy razonable por lo comido y bebido.
La impresión global fue buena, tanto por el ritmo en cocina, como por la atención en sala, con un trato afable, discreto y paciente, pues se nos alargó la velada más de lo previsto. Su cocina, muy en la línea de sus propietarios (diestros en los catering y banquetes), de tipo mediterráneo, con elaboraciones sencillas, sin aventurarse en riesgos, y presentaciones elegantes, destacando siempre el producto. Esperaba un poco más de atrevimiento en los platos principales de la carta, pero, en fin, igual son directrices del grupo. Según parece, la oferta de arroces tiene buena aceptación. Lástima de crisis, porque aún siendo sábado noche, no se llenó, como ya viene sucediendo en otros muchos restaurantes de la ciudad (tal vez si en invierno su ubicación fuera en la otra zona del puerto, junto a la zona de restauración más visitada, se beneficiarían todos mutuamente –alguna ventaja tiene que tener el hecho de ser un barco y poder desplazarse -aunque sea remolcado-). En cuanto mejoren las temperaturas, habrá que volver para probar su terraza en cubierta.
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