Parece que te están haciendo un favor cuando entras. Tuvimos qué pedir que nos atendieran al entrar después de estar un rato haciendo tiempo mirando los vinos. Sólo había dos mesas ocupadas, o sea que por exceso de trabajo no era, así que ya empiezo diciendo que el servicio dejó muchísimo que desear.
El vino fue lo mejor que tomamos, un Ribera del Duero Matarromera Crianza del 2010.
Carta muy justita con poca variedad.
Pedimos un pulpo a la brasa que a mi parecer era una tomadura de pelo, pues era una tarrinita de barro con puré de patata con siete rodajitas tipo carpaccio del tamaño de una chapa de cerveza. De sabor estaba muy normalito Nos costó ocho euros.
También pedimos coca de calabacín, sobrasada y berenjena. Estaba muy buena pero no era más que una pizza.
El figatell de rabo de toro no nos gustó. Era una bola de carne con un sabor no muy agradable y bastante pastosa.
Por último nos pedimos el huevo por estrellar sobre patata caramelizada, etc, que no era más que unas seis patatas panadera con un huevo escalfado por encima y un trocito de chistorra. No sabía absolutamente a nada. Eso sí, como éramos dos tuvieron el detalle de servirlo en dos platos individuales.
Estos cuatro platos y la botella de vino 73,60€
Como lugar, decente, aunque los manteles y servilletas son de papel.
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