Aunque en verano una terraza a primera línea de mar es una delicia decidimos entrar dentro del restaurante porqué era un domingo frío y el cielo amenazaba lluvia. Dentro, el aire acondicionado estaba a tope, hacía más frio que a fuera pero al cabo de unos minutos pedimos si podían bajar el aire. Lo pararon. Nos trajeron las cartas en seguida y el maître vino a anotar al cabo de poco. Pedimos unos chipirones pero nos dijo que los que le habían traído eran de arrastre y tenían arena. Cambiamos por unos sonsos para compartir y una paella con bogavante para 2. Los sonsos se hicieron pregar pero valió la pena, además la ración era abundante. Nos amenizó la espera un camarero muy chistoso que nos dijo que habían ido a pescar los sonsos uno por uno. La paella con bogavante también muy buena a partir que cambié el tenedor por la cuchara para comerme el arroz de la paella que era más bien un arroz caldoso. El bogavante, aunque no se me da muy bien el uso del martillo, las pinzas… muy bueno. Tomamos un Viñasol de 37,5cl, agua, un café y un cortado. En definitiva, una comida de domingo de resaca exquisita (buena materia primera) y a bajo precio. Volveremos!
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