Cuando comenté con amigos que íbamos al Terete fruncieron el ceño pero no

Cuando comenté con amigos que íbamos al Terete fruncieron el ceño pero no pensé que la experiencia fuera tan desagradable.

El lechazo estaba excesivamente hecho y las cantidades son pequeñas sobre todo en los ridículos entrantes.

Las copas totalmente inadecuadas pero lo peor fue que pedimos un Bosconia 95 y nos lo plantaron en la mesa tras menearlo como si fuera un yo-yo. Notamos acético y le llamamos (como no nos lo había dado a probar...). El camarero reconoce que en nariz tiene acético pero dice que en boca no sucede, advirtiéndonos de que nos cambia la botella pero si la próxima está igual no la va a cambiar ¡¡¡SIC!!! (con lo bien que podía haber quedado sin decir nada ya que la segunda estaba buena, muy inteligente). Cuando probamos la segunda le llamamos para que vea que esta botella está perfecta y va el camarero y BEBE DE MI COPA comentando que también tiene un poco de acidez (no era el punto acético anterior).

Nos dice que es enólogo porque elabora el vino de la casa

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