La honestidad como arma

Lo que realmente me sorprende de El Vinagrero es la sencillez con que afronta la cocina. La sensatez de una cocina de producto, buen producto, con elaboraciones correctas, donde no se buscan los alardes técnicos. Solo que el cliente se sienta tranquilo.
Ésto, aun siendo una virtud, puede llevar a un cierto conformismo culinario. Poco a poco se van encontrados nuevas formas de expresar los sentimientos culinarios, por parte de MAri y su pequeño equipo en la cocina, y por parte de Fernándo y su gentil servicio de sala.
Carta de vinos cuidad, con precios justos y referencias intereantes, el la última visita bebimos As Sortes y Bollinger, varias veces.
La gran lucha de un local así es la permanencia en una urbe dolida por la crisis, en una zona donde el turismo gastronómico no tiene excesivas etapas de parada, en una comunidad que no aprecia en exceso los esfuerzos de un local, que siendo centenrio, ha decidido acometer el futuro con la cabeza en su sitio y dando pasos más que correctos.
Desde una correcta croqueta, unos boquerones rellenos, una esalada de asados, unas brochetas de gamba, vieira y rape, un bacalao con verduras. Todo bueno.
Pese a la estupenda colección de aceite, sería deseable encontrar algún pan menos industrial, algo más real y popular hecho en los alrededores.
Platos ideales para compartir. Precio más que correcto.

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