Restaurante Tickets: Tapas y mucho más


La gastronomía en este nuestro país es tan diversa y plural como sus paisajes, su clima, sus lenguas o sus tradiciones. Hablar de platos típicamente españoles, si entendemos por ello citar preparaciones que se repiten a lo largo y ancho de la geografía nacional, resulta un ejercicio un tanto simplista y falto del rigor científico. Así, la paella, el cocido o el gazpacho pueden erigirse como estandartes de la cultura gastronómica de nuestro país en tanto y cuanto su origen radica entre nuestras fronteras, pero no lo serían si atendiésemos al criterio de nivel de implantación o arraigo en los hogares españoles. Tal vez unas simples lentejas cuenten con un mayor calado social en nuestras casas, en nuestras familias, más que esas otras preparaciones que gozan de un irrefutable prestigio mundial.

Otro de esos tópicos que han conseguido instaurarse con gran arraigo entre quienes nos ven desde fuera es el de considerar la tapa y, en consecuencia, el tapeo, como costumbre de gran arraigo entre la sociedad española. Miren, no es cierto. Entendemos por “tapa” aquel plato individual, de pequeño formato (normalmente de uno o dos bocados), que acompaña el servicio de bebidas en la barra de un bar. Cierto es que se trata de una costumbre (bendita costumbre) muy extendida en España (Andalucía, ambas Castillas…), pero no es menos cierto que es una práctica cuasi inexistente en regiones como la Comunitat Valenciana o Catalunya. En la primera, por ejemplo, se confunde a menudo el concepto de “tapa” (individual) con el de “ración” (plato a compartir) y, por declinación del concepto, “comer de tapas” es compartir varios platos al centro de la mesa entre los comensales que se reúnen en torno a la mesa. Eso, discúlpenme, de tapa tapa no tiene nada.

A pesar de todo esto, la tapa y el tapeo, siempre han gozado del cariño y aceptación por parte de la mayoría del público, tanto del nacional como del extranjero. Un claro ejemplo lo constituye quien ahora les escribe que, a pesar de confesarse como “no practicante” por el entorno en el que desarrolla su actividad gastronómica, se declara muy fan de este “deporte” y no reniega en absoluto de que se identifique a este nuestro país con la tapa.

En esa misma línea de admiración y reconocimiento deberían andarse los hermanos Adrià, Ferrán y Albert, cuando decidieron abrir un local dedicado al mundo de la tapa. Corría el año 2011 (el mismo en el que el Bulli cerró sus puertas como restaurante) y la familia, especialmente Albert, decidió dejar la tranquilidad y el ambiente bucólico de Cala Montjoi en Roses (Girona) para trasladarse hasta el mismísimo corazón de la ciudad de Barcelona, en plena Avinguda del Paral·lel, para abrir un nuevo local en el que la tapa española se erigía como auténtica y prácticamente única protagonista.

En Tíckets no hay menú degustación, sólo carta. Y ésta es un compendio de platos en pequeño formato que consigue reunir alrededor de una treintena de propuestas. Lo habitual es ponerse en manos del servicio y que sean ellos quienes vayan sacándote “tapas” hasta que les indiques que ya es suficiente. Así lo hicimos nosotros y el resultado fue plenamente satisfactorio.

A pesar de contar con el reconocimiento de la Guía Michelín (un macaron), Tíckets no se ajusta exactamente a aquellos parámetros que se ciñen al concepto de “restaurante con estrella” que solemos tener la mayoría de los mortales. Singular ya de por sí nos resulta la fachada del local y el acceso desde la calle. Nada en el exterior nos da a entender que estamos a punto de adentrarnos en uno de los restaurantes emblemáticos de este país. Tampoco es habitual que no haya vestíbulo o recepción. Aquí vemos en su lugar una pequeña barra junto a la puerta, a modo de taquilla, donde nos entregan nuestro “tícket” para que podamos acceder al local y disfrutar del espectáculo.

Una vez dentro del restaurante nos encontramos con un gran espacio en el que somos incapaces de diferenciar la sala, la barra o la cocina. En una misma estancia de grandes dimensiones conviven zonas de mesas, pequeñas barras y varias cocinas a modo de puestecillos de comida callejera. La decoración es ecléctica y un tanto provocadora: mobiliario variopinto, de estilos diversos, mesas realmente pequeñas, desprovistas de mantel, ristras de tomates que cuelgan del techo junto a tiras de bombillas al estilo feria de verano… ¡hasta una imagen de gran tamaño de la Virgen del Carmen que presidirá nuestra mesa durante toda la comida! La música animada suena a volumen considerable y se respira alegría, desenfado y “buen rollo”. Nos acomodan en una larga mesa que puede albergar hasta doce comensales, aunque sólo somos seis. Empieza el show.

 

Lo que degustamos:

- Vermut.

- Calamar & panceta..

- Sashimi de trufa.

- Pide erizo.

- Mini airbag de queso y airbaguette de rubia.

- Ostra en escabeche.

- Salmonete al Josper con alga kombu y semillas de albahaca.

- Pizza aguacate.

- Patata sufflé.

- Foie al carbón y anguila.

- Pulpo crujiente.

- Almejas y habitas.

- Alcachofa y yema.

- Guisantes a la menta.

- Mollete de papada.

- Cangrejo real.

Acabados con este pase, nos invitan a trasladarnos a “la dolça”, un salón anexo que funciona como negocio independiente o como sala donde los clientes del Tíckets pueden tomar los postres. Lo que más nos llama la atención de este espacio es el techo del local totalmente revestido de frutas y las mesas que semejan enormes blondas como las que se usan en las pastelerías.

Sobre la mesa ya nos espera una Rosa de ámbar para cada uno de los comensales. Se come la parte central de la misma cuyo sabor y textura nos recuerdan las de una gominola. Le sucederán una serie de interpretaciones de postres que podríamos considerar como “grandes clásicos. La tarta de limón, la de queso, el corte de helado y la mousse de chocolate son elaboraciones de aparente sencillez, sin lugar a la sorpresa y a la emoción pero impecablemente ejecutadas y se sabores, aunque muy reconocibles, agradables y placenteros.

 

Lo bebido:

Como fácilmente puede deducir el lector, al no ofrecerse la opción de menú degustación, tampoco es posible disfrutar de un maridaje. Aceptamos la propuesta de Miguel, el sumiller que nos atiende, que nos invita a ir probando “cositas” que él considera interesantes y que pueden acompañar dignamente las tapas que acabaremos degustando. La armonía de vinos resultará ser al final un paseo por las DO que más en boga están (Jerez, Jura, Rías Baixas, Bierzo…) sin dar la espalda a los vinos de la tierra como muestra de reconocimiento al trabajo de los viticultores catalanes.

- Ca n’Estruc Bi Xarel·lo

- 200 cestos Godello 2018 (Bodegas A Coroa) – DO Valdeorras

- Domaine Macle 2009 – Côtes du Jura

- Urium Palo Cortado – DO Jerez

- Valle de Corullón 2017 Mencía (descendientes de J. Palacios) – DO Bierzo

- VdO 1.08  Cariñena (Vinyes Oliverdots) – DO Empordà

- Llopart Ex Vite Brut

- Graffenberg Kabinett Reinhold Haart

 

Si la propuesta de los impulsores de Tíckets era ofrecer una cocina de calidad en un marco desenfadado y propiciar el disfrute del comensal sin ceñirse a los criterios estrictos que se exigen en un restaurante en el que el montante de la factura se eleva bastante (servicio formal, elegancia en el espacio, ambiente sosegado y silencioso) han alcanzado su objetivo sin duda alguna. Comer en Tíckets es y debe ser una fiesta y, en el caso de nuestro grupo, doy fe que se consiguió. Reímos mucho, nos sentimos súper cómodos y, lo que al fin y al cabo importa más, comimos y bebimos realmente bien. Gran parte de ese mérito hay que dárselo al personal que nos mimó de principio a fin: Joan Romans, quien nos recibió y nos despidió, Laura Lozano, que llevó el peso del servicio en nuestra mesa, y Miguel Navarro que estuvo paciente y muy didáctico en sus explicaciones de los vinos que tomamos. Muchas gracias a ellos y al resto del equipo.

Pueden leer este mismo post ilustrado con imágenes en: https://www.vinowine.es/restaurantes/restaurante-tickets-tapas-y-mucho-mas.html

  1. #1

    Abreunvinito

    Buen disfrute.
    Saludos

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