Restaurante Restaurante Lis en Salamanca
  

Restaurante Lis

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Datos de Restaurante Lis
Precio Medio:
56 €
Valoración Media:
6.0 10
Servicio del vino:
5.0 10
Comida:
5.0 10
Entorno:
8.5 10
Calidad-precio:
5.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado, Creativa - de Autor, Mediterránea
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 56,50 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingo noche y lunes

Teléfono

Restaurante Restaurante Lis La catedral desde el restaurante

1 Opiniones de Restaurante Lis

En la zona peatonal de la parte vieja de la bonita ciudad de Salamanca y en un pequeño espacio (no más de 30 comensales) con maravillosas vistas a la catedral, se ubica este local junto a la interesante Casa Lis de modernismo contrastado y de la que toma su nombre.

Bajo la batuta de su propietaria y jefa de cocina, Ana Rodriguez, formada en el consagrado y reconocido restaurante de la ciudad de Chez Victor, dispone en sala un solo camarero ("el estudiante" más que ayudar, estorba) que algo debe colaborar en cocina, porque está allí más tiempo que en la sala.

Local con mesas bien vestidas, copas mejorables y al menos deberían ser iguales en cada mesa, vajilla y cubiertos correctos sin más; sillas cómodas, mesas espaciadas, algo ruidoso por la presencia de cristaleras, peaje necesario en beneficio de las vistas.

Carta de vinos con opciones de cervezas, pocos vinos blancos (el local es más de carnes) y espumosos con suficiente cantidad de vinos tintos, aunque como siempre, acertamos las faltas sin el necesario aviso previo, con predominio de marcas clásicas y precios bastante competitivos. Tomamos un rieslig alemán halbtrocken 2017 (12€) de la zona de Pfalz y para los principales, Les Terrasses 2014 genial (36€); necesario complemento de un par de aguas grandes de Numen, sin previas cervezas ni vermuts porque no hubo por parte de la casa ni  un detalle de papas, aceitumas, etc. El servicio de vino de dado a catar y autoservicio posterio, aunque tuvo el acierto de proponer abrir el tinto con tiempo antes de servirlo; por contra hubo que solicitar que lo hiciera y cambiara copas, por no advertir que ya se había acabado el blanco hacía rato.

La carta de comidas que tardó casi media hora en ser entregada, ni más ni menos que lo que tardaron los anteriores comensales de otras mesas en elegir (y luego pasaron las mismas 6 cartas a los que entraron después) está distribuida en unos menús establecidos previamente y la carta propiamente dicha compuesta con platos para picar, entrantes, pescados y carnes más los postres con bastantes opciones de los dos primeros grupos y mucho menos de los otros; nos avisan de tener espárragos blancos (inicia la temporada). El pan, nada destacable, nos lo acabamos casi antes de empezar a comer, y a palo seco sin opción de aceite ni nda más.

Al final nos decidimos y tras esperarnos más de 40 minutos para los entrantes, decidimos una ración a compartir de:

. espárragos: buen tamaño, tibios, sin ningún aliño, buena ración (para 3-4 comensales), sabrosos y sin ningún acompañamiento ni decoración, amontonados en el plato. Salpimentamos y estuvieron bien.

. croquetas de puerro, manzana y nueces: ración de 6 (por fín coinciden los ejemplares del plato y el número de los comensales; de tamaño justitas y servidas solitas y rodando por el plato sin ningún adorno ni acompañamiento. ¿De sabor?: pues no reconocí sus componentes.

. témpura de verduras y langostinos con salsa de soja: buena ración, ni gota de aceite, buen rebozado. Bien.

Para el principal se concretaron en 3 solomillos de Morucha a la plancha con patatas fritas de la huerta al punto: excelente carne, bien de punto pero con la compañía de unas patatas fritas variadas (unas más crudas y otras más quemadas) peores de apariencia de las que se harían en cualquier casa. Otros dos eligieron albóndiga de rape y gamba envuelta en pasta brick hummus y ratatouille, descrita como correcta, sin ningún acompañante. Por mi parte:

. lomo alto de ibérico guisado sobre crema de patata: un par de cortes de una muy sabrosa carne sobre los que se había "caido" literalmente el contenido de un cazo de la mencionada crema de patata que, también es verdad, tenía una buena textura y sabor.

Postres: una crema de queso con ragout de frutas de temporada con una mejorable presentación; un par de la opción de tarta fina de pera con helado de vainilla, que era dificil de comer solo con la cuchara que se sirvió para ello; por mi parte y de otro de los seis comensales:

. postre de Victor: chocolate, café y cereales: estéticamente no llamaba la atención, pero el chocolate estaba superior en sabor y textura.

No pedimos cafés por miedo a coincidir con los de la cena, pues hasta la cuenta tardó en llegar presentada de forma fraccionada en dos cuartillas de las que una la última fila de números había quedado semicortada y poco visible.

Una pena por el local que tiene, pero el servicio con una cocinera y un ayudante para la cocina (suponemos) y compartir todo el servicio de sala, es un suicidio. La comida muy bien en cuanto a la calidad de producto y muy deficiente en el emplatado siendo intolerable el retraso de servicio en sala. Entendí con retraso que al hacer la reserva nos aconsejaran adelantar la hora de reserva en 15 minutos; el motivo era para que no coincidieramos con otros comensales en los pedidos a cocina, pero ni aún así hubo solución.

No volveré, porque hay muchos locales de buen producto en la ciudad.

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