Visitamos este céntrico restaurante, situado en una de las bocacalles de la Plaza del Ayuntamiento, para celebrar el cumpleaños de una buena amiga. A juzgar por el lleno, de momento se hace imprescindible el reservar con antelación. Distinguimos dos zonas, a la que accedemos desde la puerta, de forma alargada y techos altos, que comprende una larga y amplia barra dónde tapear, equipada con unos taburetes de madera muy altos, junto a ésta están dispuestas a lo largo de la pared una serie de mesas (con forma de mesa de oficina) muy juntas. Al fondo dispone de un comedor más al uso, sobre el cual está la cava acristalada dónde descansa el vino. Como decoración destacar el jardín vertical de una de sus paredes. Todo el restaurante está forrado de madera de colores claros, muy nórdico, muy estilo IKEA.
La carta se clasifica en: tapas, elaboraciones frías, calientes, de marisco, pescados, carnes, arroces y postres. Ofrece dos menús, uno de tapas por 20 euros (seis tapas saladas y dos dulces) y un menú degustación por 26 euros. La vajilla y cubertería modernas, que no siempre resulta cómodo. El servicio es joven, atento, dispuesto y diligente, a pesar del éxito del local, el uniforme que llevan es un tanto característico y no demasiado favorecedor.
La carta de vinos es amplia y variada, distingue entre nacionales y foráneos y está clasificada por tipos, la selección es muy buena (ya la querrían restaurantes de más enjundia), los precios aproximadamente duplican el precio de tienda. Ofrece una interesante selección de vinos por copas, también de dulces. La cristalería es adecuada y de cristal fino. En cuanto al servicio del vino se circunscribe a la presentación, prueba, apertura y se deja en la mesa para el autoservicio. La temperatura de servicio es adecuada.
Nuestra experiencia fue para cenar y nos decantamos por el menú de tapas. Dos de nosotros objetamos ante las elaboraciones que contenían queso y no hubo problema alguno en cambiarlas por otras.
• Yogur cremoso de parmesano con albahaca y menta.
• Grasa de jamón al dente.
• Ostra Guillerdeau escabechada, presentada en una lata redonda de conserva.
• Pizza fría al revés.
• Ensalada de algas con hígado de rape.
• Langostinos rebozados crujientes con emulsión de tomates secos.
• Pan de cristal con jamón ibérico.
• Jarrete de cerdo lacado.
Postres:
• Monte nevado de café
• Milhojas.
De beber, tras unas cervezas iniciales, pedimos un Markus Monitor Riesling Trocken 2008, un Tres Picos de Borsao 2008 y un Enrique Mendoza Shiraz, también de la cosecha 2008. Con el cambio de vinos, también se realizó el oportuno cambio de copas. Acompañamos los postres con distintos vinos dulces por copas. El café Nespresso.
La conclusión final es que “Vuelve Carolina” constituye, una buena propuesta de tapas creativas, que se pueden armonizar y acompañar con unos estupendos vinos de entre su cuidada selección, todo ello a precios competitivos. Los “peros”: las mesas muy juntas, sobre todo las situadas a lo largo de la barra y el ruido de fondo, consecuencia de la geometría del local y la masiva concurrencia.
El precio no lo sé, ya que fui invitado, calculo que entorno a los 45-50 euros por persona.
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