Increíble experiencia diría también, si consideramos el motivo fundamental de la visita: su estrella Michelín. Nunca había visitado un restaurante con estrella( y ya son unos cuantos) con un nivel culinario tan bajo.No merece la pena comentar ningún plato en particular, porque ninguno lo merece y acabaría excediéndome en las críticas. Quiero pensar que fue un día especificamente desafortunado, ¡no puede ser tan malo y con estrella¡. Probamos un menú 12 años de 42 euros,pobre , desequilibrado, con productos de no demasida calidad y en ocasiones prefabricados, triste, soso, sin sentido. Los aperitivos fueron un anuncio de lo que ocurriría.Parecían sobras de casa en su presentación , aspecto y sabor: un trozo duro de pan de pasas con mantequilla, unos gajos de cebolla encurtida y unos trocitos tristes de perdiz escabechada con piña. Salió el dueño( no era el cocinero titular, quizás ésto influyó de forma decisiva y negativa), dijo que el menú estaba gustando mucho. Fue nuestra experiencia y nuestra opinión, claro está- El servicio, incluido el del vino en la misma linea. Se movía a caballo entre lo cómico y la inadecuación más absoluta.