Restaurante de pueblo con cierta fama y mejor reclamo. Como son sus carnes a la brasa con madera de olivo.
El local acaba llenándose, por lo que en festivo es aconsejable la reserva. Además, la separación entre mesas es escasa, y esto contribuye aún más a un bullicio natural. Gana mucho ver a través del cristal de la sala la terraza barbacoa, impoluta, donde hacen las brasas.
Nada más te acomodan en la mesa, te sacan una corona de pan de pueblo con el mortero de ajoaceite en medio, el cual, diría que no es casero. Acto seguido toman nota.
Servicio extranjero, tocándonos en suerte una señorita tan amable como rápida, desconocedora de algunos temas que impedía preguntar, y hacía desistir, como en el caso del vino.
Creí entender que no cuentan ni con carta, ni con referencias, salvo algunas expuestas con función decorativa en una especie de nicho enrejado que tenía a mi espalda. Ví como sacaban después a una de las mesas un Hoya de Cadenas Reserva Privada, pero ante las copas que les llevaban, pasé página y opte por el vino de la casa, servido en jarra de barro y con el coperío de batallón que figuraba en la mesa. Y es que no puedo comer sin vino hoy por hoy.
Botella de agua grande y unas coca-colas para los niños.
Enseguida nos vino la sepia rebozada. Bien, es decir, sepia; y los platos principales.
Tres de arroz al horno. Buen sabor, pero pasado punto de cocción, formándose algún que otro bloque.
El otro, olla churra. Ingredientes de invierno como el cardo y el rabo de cerdo, entre otros. La patata debe romperse para que espese. Correcto sin más. "A mí cucharas, sabes..."
Al medio, una fuente con el embutido y las chuletas, junto a un buen montón de patatas fritas naturales. Buen embutido (dos longanizas, dos chorizos, y una morcilla) y mejores chuletas (cuatro), tamaño pequeño y de riñonada en este caso.
Postres caseros en cuanto a los flanes, de huevo y de almendra, y una tarta de chocolate que quedó en duda por lo comentado antes el saber si era casera o no.
Un cortado y un café, completaron la cuenta de 72,60 €. para cuatro personas.
Encuentro un buen punto de parada para visitar una de las zonas más incomprendidas de Valencia. De gran belleza, de bruta belleza, diría yo. Ésto y sus chuletas, que son las que suben nota en el apartado comida, hacen que sea una buena opción sin remilgos. Con unos vinitos y copas decentes, podría animarme la próxima vez a un entrecot o chuletón.
Muchas gracias, Gabriel. Siempre me gustaron, y lo siguen haciendo, los titulares que pretenden decir cosas de una determinada manera. Antes de coger el camino del mal, quise ser periodista. Pero en fin, lo de ser asesino tampoco está mal ;-)
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.