Es la cuarta o quinta vez que voy a comer. El lugar en medio de la nada, como un meson de carretera con un pequeño molino (de ahi su nombre). Al entrar, mas de lo mismo...tipico bar de carretera con salon castellano amplio presidido pòr una enorme barbacoa - chimenea donde hacen la carne. Aunque parezca increible no huele a humo el local. No sé si hay carta porque siempre te cantan los platos. Ayer unas gambas plancha bastante aceptables y unas navajas buenas pero que les sobraba un poco del aderezo a base de ajo y perejil majado. Despues solomillo y entrecot acompañado de una ensalada de escarola que aliñan con un moje con cominos y unas patatas fritas. La carne es al peso y no recuerdo a cuanto es el kilo de cada pieza. Para beber Asido de Navalcarnero muy bueno. El servicio del vino se limita a dejarlo en la mesa.
La atencion es eficiente y el local se llena siempre. Alli se va a comer bien sin florituras y nada mas.
Cafes e invitacion a orujos dejandolos en mesa.