Lo mejor de Lleida

Anoche volvimos a este pequeño restaurante de Lleida, recién reformado y con algunas novedades. El local es pequeño (5 mesas) y la reforma ha mejorado el ambiente previo, un tanto tradicional. La carta ofrece alternativas interesantes en todos los tramos. Destacan algunas carnes, como el canguro o entrantes como los erizos de mar gratinados. Nada que ver con los recurrentes "cargols a la llauna" o el "bacallà al forn", tan representativos de la cocina lleidatana. Apuesta por los pescados frescos que te muestran orgullosos en la mesa como si de una carta viva se tratara. La carta de vinos es variada y trabajada, huyendo de clasicismos y con referencias de distintas DO españolas e internacionales. Nos sorprendió encontrar un Flor de Pingus del 2004 a un precio más que razonable, lo que nos tentó a pedirlo. No obstante, dado el carácter ligero de nuestra elección de platos y aconsejados por Toni, probamos con un ACUSP 2009, un Pinot Noir de Castell d'Encus criado a 1000 m. de altitud en el Pallars-Jussà. Fantástico vino, amable, floral y perfecto para acompañar el pescado que tomamos. Nos sirvieron un detalle de salmón ahumado con una mayonesa de canela que acompañamos de una copa de brut de la casa (mac, perelada y xarel·lo) que precedió a una ensalada de habitas baby con aceite de ceps y ceps de temporada, seguido de los erizos de mar gratinados. Acabamos con el pescado que elegimos de entre los que nos "pesentaron" en la mesa. Yo tomé una suprema de merluza del cantábrico con unas vieras rebozadas sobre una brandada hecha con las kokotxas de la merluza, y mi acompañante un lomo de lubina con cuatro salsas de vino en diferentes texturas (incluyendo una espuma y un crujiente de tinto). Ambos pescados tan solo planchados y diferenciados de su acompañamiento,lo que permitía disfrutar de la creatividad del plato sin perder la pureza de la frescura del ingrediente principal. No tomamos postre (aunque recuerdo con agrado el tiramisú al estilo de la Mercé que tomé la última vez). Finalizamos la velada con un Príncipe de Viana Chardonay vendimia tardía muy agradable y nada empalagoso. El servicio de vino impecable y la charla con Toni un placer. Es una delicia ser atendido por una persona tan comprometida e ilusionada con su trabajo y con una formación tan sólida como la que exhibe. Desde que desapareció el Malena, la mejor opción de Lleida.

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