Restaurante El Jumillano: Clásico en decadencia


Restaurante clásico alicantino con carta basada en comida de mercado y elaboración tradicional.
Está en la línea del Nou Manolín, si bien no ha evolucionado como este. A la entrada un cartel recuerda que se estableció en Alicante allá por el 1.940, y ciertamente no ha cambiado muchas cosas desde entonces. Esto es un decir, porque conozco la historia del jumillano, que llegó a Alicante y montó una bodega a granel de vino de Jumilla, que más adelante derivó en un restaurante. Me refiero a que necesitaría una buena reforma, una modernización de su carta, y tal vez un relevo para algunos de sus camareros. Tal vez no lo hagan porque parece que tiene una clientela fija que se ariesgaría a perder. El día de nuestra visita la media de edad de los comensales debe andar en torno a los 70 años. Varias viudas con sus hijas, y parejas de ancianos que por como los tratan son asiduos del local. (No es que tenga nada contra los ancianos, pero a uno también le gusta ver más ambiente en una sala)
El trato es amigable y familiar.
La ensalada El Jumillano, consistente en tomate, atún, huevo y alcachofa, deja algo que desear por la mediocre calidad del tomate, lo cual en Alicante no se puede perdonar.
Las croquetas, demasiado grandes y poco sabrosas. Mucha bechamel y poca "chicha". Además la bechamel no es muy fina. También pedimos, porque se ve que es típico del lugar, una berbena de montaditos, que en ningún caso hace honor a su fama, más bien son biscotes con distintos productos untados sin ninguna elegancia ni elaboración, como los que te puedes encontrar en cualquier cumpleaños de adolescente.
Los platos principales correctos, pero sin que tampoco merezcan ningun comentario extraordinario.

Postres caseros correctos, demasiado abundantes el arroz con leche y las natillas.

A igualdad de precio, mismo tipo de cocina y en la misma zona, mucho mejor el Nou Manolin.

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