El restaurant, totalmente acristalado, impresiona por su privilegiado emplazamiento en una casa del siglo XIX rodeado por un frondoso jardín (de 16.000 m2), en el que abundan los árboles centenarios. Cenamos ensalada de quesos con reducción de vinagre de módena con miel ( está de moda esta reducción que a mí particularmente no me va), muslitos de codorniz, elaborados con un rebozado tal cual una tempura y acompañado de salsa de soja ( exquisitos) y berberechos al vapor muy frescos. El suquet de rape con reducción del xuqet muy logrado y extarordinarios los solomillos. De postres tiramisú y piña laminada, correctos. Para beber un Docetañidos 2007, potente, fresco y muy sabroso. Después de cenar , los cafés y licores se pueden disfrutar en el exterior, charlando en algunas de las pérgolas o mesas del jardín.
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