Tuvimos que buscar una excusa para poder acercarnos y un fin de semana por tierras quijotescas fue perfecto.
Enorme mérito el de Manuel de la Osa y todo el equipo en sacar adelante esta propuesta en un sitio como este.
Coincidimos allí con uno bloguero de renombre que supongo no tardará en colgar su opinión y lo explicará mucho mejor que yo, más que nada porque le vi con la cámara y no nos dieron una hoja con el menú que tomamos.
Menú largo y ancho, cuesta llegar al final y es de lo que da para comida y cena. Creo recordar 7/8 entrantes más pescado y carne. Dos postres. Amén de un par de aperitivos y los petit fours. Todos los platos a muy buen nivel, si bien el cierre con Paloma no nos gustó mucho, tampoco encontramos el punto a un plato de mar y montaña, Morros de ibérico con navaja. Tal vez el hecho de estar hasta arriba influyera en esta percepción. Muy buena sopa de ajo en su versión fría, el foie con taninos de tinto, la ostra, la piñonada o unos tomates con manchego. Excelente la merluza, gran producto.
Sala sobria pero acogedora con muy buena separación entre mesas. Carta de vinos extensa si bien con pocas referencias de champagne. Tomamos un Bruno Paillard reserva privada blanc de blancs a 60 €.
Muy buen servicio y buenos tiempos. Manuel asomaba la nariz de vez en cuando a ver como funcionaba todo. Y lo hacía muy bien.
Intentaremos visitar en alguna otra ocasión, merece la pena.
Precio del menú sin IVA.