Mi experiencia en esta casa fue realmente agradable. Hacía años desde que había estado aquí por primera vez animado porque el estilo de la carta era distinto ( la primera vez fue penosa, salvo por el postre ), y creo que acerté.
El menú:
- Queso azul con gelatina de sauvignon blanc. Tengo debilidad por las gelatinas de vinos así que me encantó.
- Carpaccio de carabineros con helado de salmorejo. Perfecto en un día de calor. El salmorejo bueno.
- Menestra de setas con foie y trufa rallada. Una combinación sabrosa y con las texturas de las setas muy logradas.
- Pulpo cocido y braseado sobre crema de patata, aceite de salmorejo y chips de patata violeta. Buen punto de cocción del pulpo ( cosa que no siempre se puede decir ). La crema de patata suave, suave.
- Bonito con salsa de frutos rojos. Muy jugoso.
- Pechugas de pichón sangrantes con crema de maíz y sus muslitos y alas guisadas. La salsa de maíz no me dijo nada, pero el guiso de pichón era algo glorioso.
- Helado de vino tinto con yogur de leche de oveja y gelatina de vino de Rueda. El recuerdo de este clásico de la casa fue el catalizador de mi segunda visita. Me encanta. Eso sí, la presentación es mejorable.
-Bizcocho de chocolate con semifrío de higos y sorbete de cítricos. No acabé de coger el sentido al sorbete de cítricos, pero el resto estaba bueno.
La atención fue casi personalizada, con degustación de vinos ( sobre todo de la tierra ) muy acertada y a un precio ridículo ( casi salgo a gatas del vino que bebí y pagué sólo 15 euros !!! ).
Soy fan de este local desde ya.
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