Restaurante situado en la plaza mayor de la ciudad de Segovia y que contrasta con la mayoría de los locales de cocina tradicional que nos fuimos encontramos por el camino y cuyas cartas parecen clones. Ofrece un tipo de cocina creativa y moderna inspirado en productos castellanos de temporada.
El local dispone de varios comedores. El que nos encontrabamos era pequeño y con las mesas algo juntas, además de tener demasiada reververación. La decoración es sencilla y moderna sobre todo en comparación con el resto de restaurantes de la zona. Nos comentaron que en breve van a trasladarse a un nuevo emplazamiento, con lo que seguramente se resolverían algunos de los problemas reseñados.
Pedimos el menú degustación largo que incluye unos aperitivos, dos entradas, pescado, carne, quesos y postre, además de dos vinos, todo a 58€.
Detallo los platos del menú a continuacion:
-Sopa de melón con anchoa y almendras laminadas.
Original combinación dulce-salado en las que las almendras aportaban el toque crujiente.
-Calabacin relleno de brandada de bacalao.
La brandada suave y cremosa, con el toque justo de bacalao para no desvirtuar el sabor del calabacín y los piñones tostados que lo acompañaban.
-Terrina de carrillada con calabaza y foie gras.
Uno de los mejores platos de la noche. Presentado como un milhojas en la que se alternaban los sabores en perfecto equilibrio.
-Ravioli de setas y trufa sobre una crema fina de patata y criadilla de tierra
Otro plato expectacular. Sabores sutiles del boletus y de la trufa en la que ninguno destacaba sobre el resto del conjunto. Perfecto acompañamiento del pure de patata, ligero y cremoso.
-Atun rojo. Excelente materia prima. Perfecto el punto de cocción. Lo acompañaba unos brotes de soja y alfalfa y tomates secos.
-Cochinillo confitado y deshuesado con orejones y pera. Plato obligado teniendo en cuenta que estabamos en Segovia. Realmente bueno y en su justa medida, sin pasarse de ración y
con los acompañamientos que le daban un pequeño toque dulce
-Degustacion de quesos. Buena selección de 5 quesos servidos a la temperatura perfecta acompañados de membrillo y piñones.
-Pastel imperial de chocolate negro con helado de cacao, tofe y cafe. El pastel, seguramente sin harina, se servía templado y creaba un contraste de temperatura
con el helado. A pesar de ser un postre de chocolate no era nada pesado
A parte pedimos un postre de la carta (al irrisorio precio de 5,4€)
-Corte de sandía con espuma de melón con helado de melón y menta. Un postre frutal y refrescante para acabar la cena y que nos sirvieron en dos medias raciones. Gran detalle.
También nos sirvieron unos petit-fours:
-Sopa de sandía, citricos y yogur. Servido como una especie de capuchino
-Chocolate blanco con quicos y curri
-Almendra con chocolate con leche y frambuesa liofilizada
Un menú con las cantidades muy medidas para que acabes lleno pero no pesado.
Respecto al vino. Extensa carta, buenas copas y buen servicio, pero con algunos fallos como ponernos media copa de vino a la hora de probarlo o servir más cantidad en una copa que en la otra. Nos sirvieron un blanco nieva 'pie franco 2008' D.O. Rueda, 100% verdejo, muy bueno y un tinto 3 lunas D.O. Toro, que no nos acabó de convencer.
Buen servicio de sala con un ritmo perfecto del menú aunque el camarero que nos sirvió, desconocía a veces el contenido de los platos
Una sorpresa agradable en una ciudad con una cocina basicamente tradicional y en las que las incursiones en la cocina creativa, son escasas.
https://www.verema.com/blog/almolo/2009/08/entre-tradicion-y-modernidad.html
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