Como en casa, pero mejor

Uno de los restaurantes de mayor tradición en la capital de la Plana. En el interior parece que no pasa el tiempo: la misma decoración, el mismo equipo, la misma propuesta gastronómica de siempre... Todo muy sencillo, pero sobresaliente.

Para empezar una picadita, en nuestro caso boquerones en vinagre fritos, mejillones de roca y croquetas de cocido. Sabores intensos y materia prima de primera calidad. De plato fuerte osobuco, con unas patatas fritas que hacía años que no probaba. Impresionante! Mis compañeros de velada escogieron solomillo con ajetes y, a juzgar por su reacción, estaba delicioso.

Quizá lo más flojo sean los postres: fruta y las tratas y helados más típicos.

Bebimos cerveza y agua, así es que desconozco como van de vinos ahora mismo, aunque normalmente tienen los grandes clásicos.

No disponen de carta, así es que hay que estar atento a los platos del día. A la hora de comer siempre ofrecen algún arroz o platos de cuchara, como la tradicional olla de la plana.

Trato muy cordial. El precio, 27 euros x pax.

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