Restaurante situado en las inmediaciones del precioso pueblo de Llívia. El sitio es muy agradable, con una zona ajardinada exterior donde también sirven comidas y con columpios para la canalla. La decoración me gustó mucho, pero la comida más. Carta con 4 fondues posibles y raclettes. Aparte platos de comida "de montaña" con toques de autor muy bien elaborados. Pedimos una tabla de quesos de primero con 7 u 8 quesos exquisitos y por orden en que se debían consumir, producto artesano. Los canelones impresionantes. También hicimos un filete de ibérico con una salsa de maracuià al punto y muy original. Postres deliciosos. Carta de vinos extensísima. Buen servicio, buen lugar, buena comida. Repetiremos en nuestra próxima escapada hacia la Cerdanya.
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