Pizzería italiana bastante convencional, con un gran comedor con mesas más bien juntas, decoración al uso en estos locales y cocina al fondo con un señor a la vista haciendo pizzas.
Pedimos dos de ellas (norma y 4 quesos) y estaban realmente estupendas. Mantelería de papel y cuchillos que casi no cortaban la masa.
Bebimos un chianti sacado de la nevera en copas gruesas y feas.
Servicio muy amable y simpático.
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