Restaurante con encanto. Situado en la Montaña de Montjuic en un Chalet

Restaurante con encanto. Situado en la Montaña de Montjuic en un Chalet muy grande (tipo caserón) con unas vistas espectaculares de la ciudad. La decoración y el local son de buen nivel y los propietarios, tienen un aval importante: Grupo Travi y la Trinca. Hasta ahí, todo maravilloso. Comida al mediodía, dos personas. Servicio lamentable, poniendo platos nuestros en las mesas de al lado, trato de tú, falta de experiencia y profesionalidad. El vino nos lo sirvieron cuando empezábamos el segundo plato y no tenían ni idea del vino pedido. La comida, lo mismo. Un jamón sin sabor para picar, una brocheta de solomillo dura como una piedra (y es solomillo!) y un lenguado quemado totalmente. Para más inri, la cuenta una estafa (134 € por un plato de jamon a compartir, dos segundos, un vino blanco de rueda: Naia 24 €, 1/2 agua y un te). Entiendo que sea caro por el local, la decoración, pero la comida y el servicio no lo valen en absoluto. Y no nos engañemos, uno va a un restaurante para comer, dejémonos de locales, diseños y vistas. No lo recomiendo en ABSOLUTO!

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