Local elegante y acogedor. Buena separación entre mesas y un muy atento servicio.
La comida en general bastante bien, destacando por arriba la ensalada de aguacate y el brownie del postre y por abajo las setas. Las carnes bien servidas y al punto solicitado. Los acompañamientos de la carne algo mejorables. El vino, un Chinchilla cabernet de 2005 que acompañó perfectamente durante la comida. Y una joya de Pedro Ximenez que amablemente nos sirvió (¿Juan José?), con más de 70 años por lo que nos dijo. Increible, crema, café, miel, 22 grados integrados espectacularmente. Increible, volveré.
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