Honestidad en la cocina y buenos vinos en la copa.

El local es quizá lo menos destacable del lugar, se encuentra en los bajos de Serrano 41, la zona más cara y exclusiva de Madrid, y es amplio y cómodo, con una correcta separación de mesas aunque de diseño algo rancio y resultando un poco ruidoso. La colección de botellas de la recargada barra es de "récord guinness" y merece la pena contemplarla.

La cocina es sencilla y honesta, de mercado y casera, basada en buenos productos de temporada cocinados con sabor y sin resultados extraños. Comenzamos con los impresionantes tomates de la huerta de los Villalón, absolutamente superiores, los mejores que hemos comido en mucho tiempo. Con un poco de "arbequina" y sal marina, pocos bocados hay tan exquisitos como este, lástima que sean los últimos de la temporada. Continuamos con un jugoso pastel de setas y marisco al estilo quiché, unos crujientes crepes de marisco y finalizamos con unas deliciosas paletillas de cabrito, perfectamente asadas y en un punto inmejorable de cocción, quizá sobraban las patatas fritas y hubieran acompañado mejor con unas panadera. De postre una deliciosa tarta casera de frambuesas, ya no podíamos con más. En fin, que comimos muy bien, sin grandes sorpresas, pero muy bien.

La bebida es aspecto primordial en este lugar, no sólo por el vino, sino también por coctelería y destilados. La carta de vinos es completísima, presentada manuscrita, pero con un contenido de gran interés y una importante base de los que son nuestros vinos preferidos, los tradicionales andaluces (con grandes vinos viejos por copas) y el champagne (con una estupenda selección de pequeños productores). A cargo de todo esto está David, un joven profesional con ganas de aprender y agradar y que ya está entre lo destacado de la sumillería madrileña. Precios más que correctos y muy buenos en algunos vinos. En cuanto a destilados hablamos de una de las mejores ofertas de Madrid, la mejor quizá en maltas. Comenzamos con dos cócteles (uno de Porto blanco y otro de Brandy Cardenal Mendoza) preparados a conciencia por Mario, el hermano de David, para el aperitivo, continuando por dos magníficos vinos de Saumur (un blanco de chenin y un tinto de cabernet franc) seleccionados por el propio David y servidos a ciegas y finalizando de nuevo con un cóctel de Vodka Belvedere para mi mujer y con un tremendo Ardbeg Corryvreckan (mejor malta del año 2010) para nuestro deleite. El vino y los cócteles servidos y preparados con la máxima profesionalidad y ahínco y el servicio de mesas correcto y realizando bien su trabajo.

Así pues una magnífica sesión en El Padre, tres horas de buena comida y mejor bebida, aderezadas con una agradable conversación sobre vino y malta con dos hermanos que sin duda darán que hablar en los próximos años. Volveremos seguro pues además no nos pareció nada caro, sobre los 35 euros sin vino, con respecto a lo que recibimos. Un lugar donde se come bien, se bebe mejor y se disfruta al máximo.

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