Para cenas de grupo

Local de decoración moderna, sencilla, con mobiliario tipo Ikea, algo incómodas las sillas y el banco corrido con almohadones.
Lo que se ofrece aquí es un menú cerrado por 15 con varios entrantes, primeros y postres, algo mejor en mesa que leídos en carta. Salvo un risotto infame, el resto de elaboraciones son bastante correctas, repito, correctas para lo que al fin y al cabo sube la factura.
La carta de vinos de nuevo es sencilla, algo corta y predecible y con precios algo elevados. Servido en vaso chato, la cuestión enológica será mejor dejarla a un lado.

En resumidas cuentas, uno de esos restaurantes para ir con amigos y escaso presupuesto, dispuestos a pasarlo bien y comer decentemente.

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