Este legendario restaurante, que llegó a ser catalogado allá por los 80’s como “uno de los tres mejores restaurantes de carretera de España”, ha reabierto sus puertas tras 12 años de inactividad.
Ubicado en las afueras de Briviesca, en plena nacional Madrid-Irún, goza de unas magníficas instalaciones, tanto en lo que concierne al hotel como al propio restaurante. Una pena sus inacabados accesos, lo desmerecen totalmente.
Local impecable, de corte neoclásico. Limpio, amplio, diáfano, luminoso. Se experimenta una sensación regresiva, al menos de 30 años, adentrándote en una atmósfera elegante, distinguida, con ese tipo de clase que tenían antes tan arraigadas las ciudades norteñas.
Suelo de damero, sillas de tela de Damasco, grandes lámparas modernas imitando a las de época, cuadros de planos antiguos de barcos, submarinos y dirigibles…
Música de ambiente más alta de lo normal, que está presente sin llegar a molestar y bien seleccionada.
La cubertería y la vajilla sin embargo no están a la altura esperada.
En cuanto a la cocina, la adecuada para el local: regional con medidos y prudentes pasitos de autor.
De sus propuestas probamos, en todos los casos con generosidad en las raciones:
• Como entrantes:
--- Crujiente de Hongos, lágrima de huevo a baja temperatura, foie emparrillado y chalotas.
--- Degustación de Morcillas de Burgos: Quintanar, Briviesca y Sotopalacios (espectacular la de Quintanar)
• De principales:
--- Merluza “Vallés”, uno de los platos que le dieron fama en la anterior etapa, y que no es sino un soberbio trozo de merluza, a la romana. Al tratarse de una pieza tan grande, y supongo que al freírlo no mucho tiempo a alta temperatura, resulta un plato francamente delicioso, destacando su jugosidad y la calidad de la materia prima.
--- Cochinillo confitado en su jugo: muy sabroso pero desacertado en la textura, sobre todo la de la piel, un tanto gomosa.
• Buenos postres, con una amplia gama de tartas caseras.
Carta de vinos, como cabía esperar, no muy amplia y centrada en Rioja y Ribera del Duero, contemplando varias referencias ilustres.
Servicio muy profesional, aunando dos virtudes que raramente caminan juntas: discreción y cercanía. Uno de los miembros del equipo, Amador, que fue quien nos atendió, trabajaba de muchacho en cocina, de pinche, y 15 años después ha vuelto, esta vez a sala, a un puesto de responsabilidad. Lo vive, y eso se percibe y agradece.
La mejor opción de la comarca.
Esta noche voy a cenar y lo pregunto, pero yo creo que no. Recuerdo una merluza a la romana que tomé hace la torta de años, servida por una encantadora señora "de las de antes", que se te saltaban las lágrimas. Y el queso de Burgos, casi tan bueno como el que despachaba El Gourmet de Palacio, en Madrid (mejor que el de Casa Ojeda) allá por el año 1978. Y es que cualquier tiempo pasado...
Ya nos contarás! Yo no he vuelto, y hace ya 4 años.
A ver si han acabado los acceso, los aledaños, si siguen fuertes en cocina, si la crisis no...
Ya nos cuentas!
Acabo de dejar mi comentario. De las hermanas ha fallecido hace un año una de ellas, y el restaurante está igual, pero yo creo que ya no enamora. Como opción de hotel de carretera bueno y menú a muy buena relación calidad precio, es quizás en lo que se ha reorientado el negocio por los nuevos dueños, aunque me despista la carta que figura en la página web y la que nos han ofrecido. Yo lo he borrado de mis recuerdos gloriosos desde esta noche.
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