Animado por el recuerdo de una celebrada merluza servida con el primor que únicamente saben hacerlo esas señoras (que ahora se llaman restauradoras) me senté ilusionado a cenar y hasta el principio prometía por la degustación de tres aceites y tres sales con un pan magnífico. Sin embargo una carta muy escueta (nada que ver con la que figura en la página web, desconozco si porque era la cena o porque ya no es lo que fue, en la que predomina la oferta de menús (20 o 35 € el degustación a mesa completa, lo que es una limitación). Mis acompañantes piden el menú, que consiste en un timbal de setas con una cama de patatas, que no enamora, y una menestra de verduras nada más que correcta. Los segundos consisten en una merluza a la plancha con ajada o un bacalao con patatas, ambos pescados muy frescos y correctamente cocinados, en raciones aceptables. Los menús terminan con postres dulces sin nada reseñable. Yo, con la "merluza Vallés" en la intención desde que salí de Madrid, me la pido (25 €) y sigue estando muy buena, con un rebozado muy fino y en su punto de sal. La calidad del pescado ya no impresiona, pero sigue siendo superior. De entrantes unas muy buenas y clásicas morcillas briviescanas con unos pimientos cristal insuperables y nos quedamos con las ganas de las no menos clásicas croquetas, que nos dicen que se han terminado. Todo regado con un Marqués de Riscal Limousin de 2009, a punto de temperatura, pero que las camareras no sirven y hay que proveerse de la cubitera dejada junto a la mesa (23 €). Carta de vinos correcta, con alguna concesión a denominaciones de origen no Rioja o no Ribera.