Chiringuito de playa, versión sidrería

Lugar clásico y habitual, con un comedor señorial (martintxo) y una sidrería adosada.
Ir al Martintxo no lo hemos conseguido en las últimas tres ocasiones, a veces me he llegado a plantear si es un restaurante fantasma (que no para fantasmas, que no quiero un 2015 muy faltón).
Nos acomodan entonces en La Sidreria (misma cocina que el “ghost”).
El servicio es al galope, qué digo, al trote y no cochinero precisamente, sino más quijotesco incluso….ladran, luego cabalgamos….

Van acelerados, con urgencias, no te echan (al menos nosotros ni las mesas de alrededor lo sufrimos) pero todo es tan acelerado que puede darse con facilidad y excesiva cotidianidad, que te sirvan antes unas croquetas que no la bebida….

El servicio es de chiringuito, con profesionales agradables y con un jefe de sala (¿?) algo tenso, agobiado…seco…más “despachando” que atendiendo….
La comida está correcta, sin más… deambulando perdida… por barrios como diríamos, unos espárragos excelentes hermanados con unos chorizos sin sabor…
La cubertería, mantelería, loza… todo es de trazo grueso…café bueno por cierto, servido en tazas de propaganda…

En resumen, un buen lugar para ir con los amigos, con la “cuadrilla” a echarse unas risas, tontear con alguna kupela y poco más…
Eso sí, lleno siempre, con lo que para què mejorar en nada?... totalmente de acuerdo, seguramente es mi última visita, pues aunque es chiringuito, el precio es acorde a uno de primera línea de mar, lo que no es el caso…

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