Restaurante Ca Rafel: Grata sorpresa de montaña


Estuvimos celebrando una festividad local en este restaurante que nos recomendaron unos buenos amigos. Realmente es una grata sorpresa el encontrar sitios como Ca Rafel en la montaña de Alicante que hagan algo más en la cocina que asar el típico y excelente embutido local. Es un restaurante coqueto, con un tamaño ideal y en el que el ambiente acogedor y familiar se respira desde el primer instante en que uno flanquea el recibidor. No nos traen carta, nos comentan que hacen siempre unas entradas típicas y luego el amable jefe de sala nos canta los platos principales disponibles, todos ellos muy apetecibles. Las entradas constan de quisquilla fresca pero quizás algo fuera de lugar, virutas de foie sobre pan de pasas muy buenas, setas plancha excelentes, gamba gabardina en pasta filo donde se echaba de menos quizá el contrapunto de una salsa dulce y el llamado "pescaito de la huerta" que es una fritura de verduras muy acertada pero algo sosa (creo que debe ser política de la casa lo de quedarse corto de sal ya que la mayoría de los platos eran así). Despues un detalle en forma de sorbete de limón extradulce. De platos probamos el solomillo de cerdo con salsa de naranja, con salsa de boletus, y el solomillo barón d'or. Todos muy bien pero la opinión generalizada en la mesa (7 comensales) era que quizá la salsa era excesiva en cantidad y repetitiva (todo a base de nata), al margen como no de enmascarar los sabores de una carne, que si es de calidad, no necesita de aderezos. Para postre pedimos un variado de tartas, todas caseras y muy sabrosas, y detalle de la casa de ponernos unos chupitos finales de herbero o licor de hierbas de la montaña. Marinamos la comida con Carramimbre Roble, un excelente vino en calidad-precio. En definitiva nos gustó mucho el trato y la comida, volveremos sin dudar y lo recomiendo como no podría ser de otra forma.

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