Muy bien aquí la cocina, cariño en el tratamiento del bacalao, versión en asado con algas y amanitas o versión callos con huevo de corral.
También el pastel de patatas, setas y santiaguiños.
De casta la viene a Pablo Cruz, que ha pasado por fogones de altura en Cantabria.
El trato y servicio en sala, que dirije Patricia Ruiz, muy agradable.
Un acierto el aperitivo con copa de mazanilla.
Interés por el vino...irán llegando referencias.
El entorno en esta otoñada, bonito: castaños y robles por los que pasear antes y/o después.
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