Buen menú

Primera visita nocturna. Cena para dos, aprovechando que hemos "colocado" a los niños. Nos sentaron en uno de los pequeños comedores del altillo. Separación de las mesas bastante justita. Tamaño correcto, bien vestidas. Buen menaje. Servicio agradable. Disponen de tres menús: el corto (35,-€), el largo (50,-€) y el maridado (80,-€). Carta de vinos no excesivamente larga pero con referencias interesantes. Precios x2 y más. Intentaron servirnos el vino durante toda la cena, pero acabé levantándome para servirme.

Después de tantas comidas copiosas durante estos días, nos decidimos por el menú corto, consistente en 4 platos y un postre. Para empezar, unos aperitivos que, junto con el pan, ascienden a 3 euros por persona:

- Aceitunas - Me gustaron mucho.
- Crema de pimiento con cecina - Se la cambié a mi mujer por las aceitunas, ya que no le gustan. Le gustó bastante.
- Buñuelos de bacalao con miel - Muy esponjosos, aunque sólo me supieron a miel.
- Degustación de dos aceites y tres sales - Un aceite de arbequina de Les Garrigues y otro de picual de Jaén. Una sal rosa australiana, sal Maldon y una sal con hierbas que elaboran en Garraf. Esta última me encantó. El pan, muy bueno pero la corteza se desmoronaba con facilidad, lo que dificultaba mojarlo en el aceite. Nos lo repusieron al empezar con el menú.

El menú propiamente consistió en:

- Vieira con alcachofa en tres texturas - Una vieira a la plancha sobre crema de alcachofa y cubierta por alcachofa confitada y crujiente de alcachofa. Me sobró la alcachofa confitada, que aportaba poco sabor y una textura similar a la de la vieira. Hubiese agradecido algo más de crujiente. Muy buen plato.
- Arroz negro con helado de azafrán - Excelente sabor, aunque el azafrán no era fácil de notar debido al intenso sabor del fondo.
- Dorada con crema de berenjena - Intenso sabor ahumado de la berenjena y dorada en su punto.
- Jarrete de ternera - Muy bueno.
- Postre consistente en un rollito de piña con crema catalana y dos postres a base de cítricos. Uno era un helado sobre una gelatina. Recuerdo que era naranja y mandarina, pero no me acuerdo de cual era cada cual. El otro parecía un pequeño canapé rectangular, también bastante ácido.

En conjunto, un menú muy apropiado para una cena. Muy buenas presentaciones y cantidad correcta de comida. Eché en falta algo más dulce para finalizar, pero es sólo una preferencia mía.

Para beber, una botella de Clos Nostre Senyor 2002 (35,-€) servido en una copas más que correctas y un par de botellas de agua de 1/2 l. (2,55€/ud.).

En general, bastante bien. La nota del entorno se debe a que:
- No nos dijeron en que consistía el menú, a pesar de que, cuando tuve que elegir el vino, le pregunté a la camarera acerca del menú. Se limitó a contestarme que era variado. Nos enteramos de los platos a medida que nos los fueron trayendo.
- Tardaron bastante en traer algunos de los platos, pese a ser un menú y no estar del todo lleno el local.
- Después de elegir el vino, nos trajeron un cava que no habíamos pedido con unas copas que parecían para tomar un estomacal. No llegué a enterarme del motivo. Inquirí a la camarera sobre la posibilidad de cambiar las copas y apareció con un par de ellas con el nombre de Laurent Perrier serigrafiado en el pie.
- Pusieron el vino en una cubitera a un par de metros detrás de mi esposa. En varias ocasiones me quedé con la copa vacía. Finalmente me decidí a servirme yo mismo, para acabar con la botella en la mesa cuando ya quedaba poco más de una copa.
- Cantaban los platos tan bajito y tan rápido que no me enteré de la mayoría de ellos. Sumado al hecho de no disponer del menú por escrito, pido disculpas si me he equivocado con los nombres o la composición de alguno de los platos.

Con todo, fue una velada muy agradable.

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