Local de ambiente moderno y totalmente dirigido al vino, aunque sin olvidar la comida, que ofrece un nivel acorde al del vino. El día de nuestra visita, me da la impresión de que casi toda la clientela iba al encuentro de verema. Local lleno, incluida la barra (por allí andaba Jesús Madrazo, entre otros), por lo que el servicio fue bastante lento y algo disperso.
Este local merece una visita (o unas cuantas) calmada y concienzuda para disfrutar de todo lo que ofrece. Por desgracia, nos presentamos a las 4, sin reserva y con el tiempo justo. Aun así, pudimos disfrutar de un almuerzo para 3 con un rico aceite, sal maldon y unos bollitos como aperitivo (servicio de pan a 1,50€/persona).
Entrantes a base de:
- tartar de atún rojo salvaje (18,-€) - Delicioso y muy sabroso, aunque las tostadas son realmente pequeñas. Opté por prepararme unos montaditos con el panecillo que nos sirvieron.
- caramelos de rabo de toro y manitas de cerdo (16,-€) - Original presentación para un plato destinado a gustarme mucho.
Como plato principal tomamos:
- rabo de toro (22,99€) - Simplemente delicioso, aunque se trate de cola de vaca. Textura y cocción muy buenas. Para hartarse de mojar pan.
- bacalao confitado (19,-€) - Servido en dos platos separados para compartir. Muy buena presentación y aspecto inmejorable.
Tomamos 2 copas de Vinyes Altes de Clos Dominic (8,-€/ud.) y 2 copas de Larue Les Cortons 2007 (6,20€/ud.). 2 botellas de agua Elsenham (nos llevamos las preciosas botellas vacías) a 9,50€/ud., que me pareció excesivo, no por su ajustado precio, sino porque no sé apreciar las aguas gourmet y me pareció un despilfarro que me sirviesen un agua así sin comentármelo primero. Acabamos con un par de cortados (1,90€).
Pocos locales pueden presumir de que su dueño haya diseñado las copas que se usan en el mismo, las Rona Senso, de las que dan cumplida propaganda en el aparador que da a la calle. Juan Ferrer no sólo te explica el vino, sino que puede ubicar en el mapa dónde están las viñas y la historia de la bodega, su dueño y la familia del mismo. Un auténtico enochalado.
Sin llegar al nivel de "sofisticación" de Monvínic, este local ofrece un lugar con un trato familiar donde el aficionado al vino puede disfrutar un rato agradable en compañía de sus amigos... o de Juan Ferrer :-)
La iluminación me pareció algo escasa para apreciar los vinos.
Como dato negativo, nos avisaron de que no nos podían servir la ensalada (los entrantes eran todos para compartir) cuando ya habíamos acabado los otros 2 entrantes.