Local sencillo y reducido, frecuentado por clientes habituales y muy familiar. Carta amplia de entrantes frios y calientes, así como de makis, uramakis y nigiris. Carta de vinos corta, con predominio de blancos. Optamos por una riesling Gleisweiler Hölle 2007 bilógico (17€) muy correcto, aunque servido en copas pequeñas Arcopal. Empezamos con una ensalada thai de pollo ahumado y cacahuetes (9€) correcta, seguimos con una sopa de udón (5€) magnífica, y acabamos con una combinación de sashimi, nigiris y maki de atún y salmón (25,80€). Servicio amable y justo. No hay que buscar excelencias en este restaurante, tan sólo, disfrutar de una buena comida japonesa. Volveremos.
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