Pues coincidimos con los comentarios anteriores en cuanto al local, la calidad del sushi, la escasa oferta vinícola -copas pequeñas-, la atención, pero en nuestra visita hubo un problema fundamental que casi agua la comida.
Decidimos sentarnos en una mesa de la parte interior, pero al minuto de hacerlo tuvimos que levantarnos a una mesa de las más cercanas a la puerta debido al hedor húmedo y maloliente que salía del fondo del local. Creemos que es un problema que afecta a muchos bajos de la zona de Cánovas, pero cuando esté lleno o tengas que sentarte en esa zona, se hace insoportable y más si estás comiendo.
Lo dicho, el variado de nigiri y maki excelente, así como la ensalada de aguacate. Nos quedamos sin postre porque no había trufas, aunque los trabajadores del local no hacián más que mirarnos, con la ropa cambiada y los bolsos preparados para salir corriendo en cuanto pidiéramos la cuenta, porque éramos los últimos. Y esa presión no es nada correcta delante de los clientes. Así fue.
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