Restaurante japonés con una pequeña barra para disfrutar de la elaboración en directo, tipo sushi-bar y mesas más cómodas para disfrutar de una cocina japonesa excelente. El local lo veo algo desangelado en su decoración, pero tampoco es demasiado grave.
Todo el sushi que probamos estaba riquísimo, además elaborado en el momento y bien presentado.
Carta de vinos inexistente, te recitan los vinos de memoria y prácticamente la oferta te induce a no pedir vino. Las copas son mediocres así que tampoco te animan a cambiar de idea. Botella sobre la mesa y adiós.
El gran problema es la organización del personal: 20 minutos para darnos las cartas, 10 minutos para venir a preguntar y cuando pedimos, dos de los platos no los tenían... 30 minutos de espera (ya llevamos una hora sin comer). A la hora empiezan a traer los platos, con algo de desorden. Además se les había olvidado un plato que pedimos, con la consabida espera de preparación.
Total que cenamos entramos a las 9 y salimos a las 11,15 más de dos horas, con un personal totalmente disperso, poco atentos y con un jaleo impresionante. Eso sí, el chico era simpático al menos. Para más inri, el restaurante estaba a mitad de su capacidad... no quiero pensar en un sábado por la noche lleno hasta los topes.
Tardaremos en volver, aunque la comida era exquisita.
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