Muy bonito

Estuvimos varios días alojados en el hotel y tuvimos la oportunidad de probar varios platos. Están muy bien las carnes de cerdo ibérico, la crema de salmorejo, el picadillo árabe, la cataplana de marisco, la tostada con salmorejo y ventresca y los embutidos ibéricos. Dado el tamaño de los platos, una buena opción es pedir un entrante ligero y solicitar a Miguel -responsable del restaurante- una ración de jamón con unos bollitos de pan recién hechos, "tomáquet" (tomate rallado) y aceite "del bueno" (ecológico de Priego de Córdoba), para preparar unos deliciosos minibocadillos de jamón. También se puede hacer lo mismo con el surtido de ibéricos. Los postres, si alguien es capaz de llegar sin riesgo de sobredosis, normalitos. Hay menú infantil (7,-€)y menú de lunes a viernes (creo que unos 13,-€ ó 14,-€). Tienen algunos vinos tintos bastante recomendables. A mí me gustó especialmente el "Alma de Tobía". El servicio del vino es muy deficiente: no decantaron ninguno de los vinos, aunque todos lo necesitaban e, incluso, alguno de ellos lo indicaba en la propia etiqueta de la botella; las copas no eran las indicadas para esos vinos; necesitaban más frío y el precio era elevado para el servicio que ofrecían. Tienen vino naranja, muy apropiado para el "botón de chocolate", uno de los poquísimos postres que merece ser probado. El personal de sala es, casi en su totalidad, "amateur". No es por machismo pero los únicos que se salvan son los dos hombres. Desconocen las normas básicas de protocolo, no recuerdan los pedidos, tardan muchísimo en servir, no son demasiado simpáticos ni te ayudan a elegir.Después de 10 días, sólo conseguí recordar el nombre de los dos hombres y de una de las camareras, pareja del cocinero, del que también recuerdo el nombre. El cocinero nos dio a probar, fuera de carta, unas colmenillas con cebolla caramelizada y reducción de Pedro Ximénez y unos tomates de un amigo suyo. Sublimes. También nos hizo, a petición nuestra, una tortilla de patatas con su toque personal: perejil. Muy rica. El entorno es encantador para una cena romántica, tanto a la luz de las velas en el salón, como a la luz de las estrellas en la terraza. Tiene una iluminación muy cuidada. El precio depende mucho de lo que se coma. La cena de cuatro osciló entre algo más de 20,-€ hasta más de 70,-€. Visto lo que hay por los alrededores, un sitio más que recomendable.

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