Nos habían hablado muy bien del Restaurante y fuimos a probarlo. Nos encontramos con un local acogedor, de los que te hacen sentir bien. El trato desde el primer momento próximo. Cuando llegamos nos sacaron un "chupito de bollit", que nos tomamos mientras mirabamos la carta. Para compartir nos pedimos unas bolas de patata rellenas de foie -buenísimas-, un calamar plancha -de esos que tienen un sabor dulce, tierno de comer-. Los segundos vieira y rabo de toro, muy buenos los dos. Para beber pedimos un Pazo de Monterrey, un vino que no es fácil encontrar por aquí y que nos sirvieron a la temperatura adecuada y en copas correctas, precio correcto también (14 €). De postre un Suflé de turrón y el café. Hacia tiempo que no tenia la sensación de equilibro entre lo que me dan y lo que pago por ello. Repetiremos y no tarderemos mucho...
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