Muy, pero que muy recomendable

Siendo sincero, lo primero que pensé cuando me recomendaron este restaurante fue "¿ahí no había una hamburguesería con el mismo nombre?". Dando un voto de confianza a la recomendación, decidí probar y acerté de pleno. Local que exteriormente no invita a arriesgarse, pero que al traspasar el umbral te transporta a un mundo donde el arte (esculturas, centros de mesa sui generis y obras de Frida Calo por doquier) y una buenísima comida se dan la mano. Toni Galo se convierte, pues, en todo un referente gastronómico en Gandia, y me atreverí a decir que en la Comunidad Valenciana y en el mundo de la farándula (muchos personajes televisivos han estado, con el plus de "glamour" que eso puede llegar a dar). Pero vayamos al grano.
Trato personalizado y muy amable por parte del propietario, que en todo momnto se preocupa por tus gustos, tus manias, y te informa tanto de los platos de carta como de los impresionantes "fuera de carta" que el chef Karlos prepara con gran maestría. Optamos mi pareja y yo por un menú degustación (en torno a los 40 euros, aunque sujeto a variaciones según temporada - o según lo que se le antoje al chef-) a base de pescados, marisco, pasta y presa ibérica para rematar. Las materias primas son excelentes, compradas a diario en la Lonja del Grau de Gandía, lo cual se nota y mucho. A destacar que, si bien la elaboración no es muy enrevesada, los toques de salsas orientales, de especias, de sabores contrapuesto, convierten cada bocado en una grata experiencia. Destacar lo extenso del menú (brocheta de pollo con tallarines 3 delicias, crepe de gambas y sepionet, vieiras con salsa de calabaza y mostaza, merluza fresca con salsa oriental, la mentada presa ibérica, helado de violeta - recuerdos de los caramelitos que nos daba la abuela-) y el buen servicio de vino, con copas adecuadas, asesoramiento interesante e invitaciones reiteradas a vinos dulces y otros espirituales. El plato estrella, para mi, uno raviolis rellenos de trufa blanca. Sencillamente sublimes.
Para beber pedimos un Rieslin que maridó perfectamente con lo marítimo del menú, bien fresquito y a buen precio (unos 22 euros).
Lo recomendamos encarecidamente, en especial por el trato, los detalles (ofrecen degustación de aceites de primera calidad, acompañados de un surtido de sales de diferentes partes del mundo), y el buen ambiente juvenil y familiar sin llegar a lo estridente de muchos lugares de la zona.
Obligada la asistencia si vais por la Playa de Gandia. Un saludo!

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