Local muy peculiar,llamativo, impactante. Se trata de un proyecto que engloba el restaurante dentro de un conjunto para eventos diversos y que está "envuelto" en arte por completo. La experiencia en este sentido es buena, porque al interés de esa faceta se suma que no interfiere en la degustación gastronómica, no incomoda o altera, sino que complementa.
Nivel culinario alto, consolidado previamente en un restaurante más "convencional", y presentaciones excelentes. Muy buena bodega, con carta en soporte digital manejada por su sumiller. Es fácil adaptarse a este formato y obtener alguna ventaja adicional (vista de la botella, existencias restantes, p. ej.)
Hay que ir sin prejuicios, dispuestos a conocer algo diferente a lo que se espera de un restaurante, pero sin perder de vista a qué se va -a comer- y disfrutar de su cocina y bodega.
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