En pleno puerto de Santander, es sencillo, comedores inmensos, pero se come de fabula, ya hace años que mi tío, en paz descanse, nos llevaba a toda la família, yo he seguido la tradición. Comimos, marmitaco y sopa de pescado, buenísimo, sólo con el primer plato ya tenía bastante. De segundo centollo y rodaballo, de postre fruta, pués no podiamos más, las racione son generosas. Comimos con vino blanco de la casa y agua. La decoración es sencilla, es un comedor de pescadores, grande pero familiar, os tratarán con mimo aunque esté a rebosar.
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