Este pequeño restaurante es un sitio donde siempre voy con autentico placer. Ofrece una carta muy diferente a los demás restaurantes. Su base es la cocina belga, adaptada a los productos de aquí, y a las tendencias culinarias actuales, sin caer en el tan de moda vanguardismo. Siempre hay algo nuevo, y siempre algo que ya conocía y quiero repetir. Las combinaciones de sabores son siempre muy acertadas, las salsas ligeras y bien logradas. El cocinero –propietario Manuel sabe tratar muy bien la excelente materia prima. Los postres son deliciosos, y todos caseros. La carta de vinos es muy variada, y bastante amplia para un sitio tan pequeño. El comedor es muy coqueto con un ambiente relajado y tranquilo, y el servicio muy bien llevado por la propietaria, Michelle. Opino que la relación precio calidad es muy buena, y la cantidad también, ni mucho ni poco. Es un sitio con cual siempre acierto cuando se lo recomiendo a alguien.
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