En este pequeño restaurante fuimos a pasar la noche vieja mi mujer y yo. En un hotel donde habíamos reservado nos anularon la cena por falta de reservas, y no sabíamos donde ir a cenar. Nos lo recomendó un amigo que come muchas veces en le sablon con relaciones de negocios, ¡ y su recomendación fue todo un acierto! El comedor es muy bonito, con una decoración muy personal y de buen gusto, sin las habituales ostentaciones. La música también es adecuada para una cena agradable. El trato personal, amable, eficaz y profesional, sin agobiar . Y lo mejor por supuesto la cena. Empezamos por un poco de paté de aperitivo, y después un primero variado compuesto por : un tembloroso de foie, crema de endibias, un caramelo de faisán, una patata rellena de perdiz y setas, y unas laminas de bacalao con espuma de ajo. Luego 2 filetes de lenguado con gambas y puerros. Y después un hamburguesa de ciervo trufada, de un aroma y sabor espectacular,¡ inolvidable! El postre también: mango con helado de especulos, sorbete de chocolate negro y piña colada. Con el café unos dulces hechos por ellos, muy ricos. Y a las 00h una copita de cava Faustino con las uvas. Y todo esto por solo 57€ . ¿ Caro? No, la relación precio calidad y cantidad es muy muy buena.
Desde luego volveremos cuando iremos a Salamanca.
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